CAPÍTULO 6



Sentía que mi corazón iba a salir de mi pecho, al tiempo que mi yugular explotaría, derramando un mar de sangre. Supongo que Katherine estaría satisfecha; aun si no quería estarlo, estaba muy nerviosa.

Podía ver claramente sus ojos color zafiro en mi mente, aquella mirada me resultaba tan espeluznante que estaba grabada en mi memoria, casi en contra de mi voluntad. ¿Cómo no pensar en ello, si cada vez que miro, su mirada se vuelve más fría? Sin embargo, últimamente sus ojos no me alcanzaban, como si me estuviera evitando, como si supiera que no vale la pena hacerme notar…

Retorcí mis manos, eran mi único punto de mira para evitar cualquier contacto visual; lo único que quería hacer en aquella sala era sumergirme en mis pensamientos y mirar a alguien o golpear sacos que parecían concreto no me iba a ayudar a hacerlo. El ruido había sido amortiguado por el sonido de mi mente, seguí así por lo que pudieron ser solo minutos y continúe de esa manera hasta que escuche una voz. Fue suave y casi imperceptible al principio, pero fue aumentando como un eco hasta que se convirtió en un grito ensordecedor.
Alguien me llamaba.

Sacudí la cabeza y me fije en la voz que me había llamado: El chico me miraba con desinterés, la sala estaba prácticamente vacía, ¿Cuánto tiempo habré estado soñando despierta? ¿Dónde estaban todos? Él apuntó con el dedo apuntando a la otra esquina donde se encontraban, todos rodeando una arena. Me moví hacia ellos y tomé lugar junto a un chico de cabello corto y ojos oscuros, era un poco más bajo de lo normal. Su cejas eran como dos cuervos negros, y espesos pero su mirada no era fría como la de los demás, era más bien relajada, jocosa. Me pregunté cómo era posible parecer tranquilo en esta lugar.
- ¿No crees que esto es ridículo? – dijo, su voz no acoplaba con su tamaño. Hablaba raro, sus “r” no eran tan pronunciadas como las mías. Miré a ambos lados, esperando a que el chico a su derecha le contestara. Sin embargo, al no oír respuesta se giró hacía mí. Subió sus cejas en señal de pregunta.
Lo miré por unos segundos, antes de apuntar a mi pecho con mi dedo índice.
- ¿hablas conmigo? –
Él rodó los ojos como si fuera elemental.
- ¿Ves a alguien más quien no esté babeando por la chica mayor? -  Subí mis cejas con sorpresa y miré a mi alrededor. Todo el mundo estaba fascinado viéndola fijamente, Bueno excepto Katherine, y… el chico, quien parloteaba acerca lo que íbamos a hacer.
Negué con la cabeza después de un rato.
Repitió su pregunta.
-Entonces, ¿No te parece que es ridículo? –
Lo miré y me encogí de hombros.
-  Pues sinceramente no sé si eso – señalé a los admiradores de Mia – o esto­– me señalé a mí misma, –es más ridiculo.
El chico soltó una leve risa.
- Soy Jordan – dijo extendiendo su mano. La tomé y le sacudí un poco.
- Eliza…
- No es necesario, todos conocemos a la consentida del grupo – Cortó con tono sarcástico.
Reprimí una carcajada.
-Qué curiosa elección de palabras – Subió una ceja en una pregunta silenciosa.–Mmm– lo pensé un segundo, –pues siendo sincera hubiera elegido fenómeno, broma de mal gusto, engendro, frágil, blanco fácil – Respondí encogiéndome de hombros – cada uno es el que escoge su veneno.
Jordan comenzó a reír, pero su risa fue interrumpida por un sonido sordo.
Un hombre se encontraba tirado en el piso, el pie del chico se encontraba en su espalda, la mirada del otro era sumisa, sabía que no valía la pena luchar. Por el contrario, los ojos del joven eran aburridos, monótonos, vacíos, sin expresión, parecía que no le importaba lo que hacía en ese momento.
La voz de Jordan interrumpió mis pensamientos.
- Ese sujeto asusta como un maldito demonio. Es como si pudiera matar a alguien, y no se molestaría en saborear la sangre que queda en sus nudillos sin vacilar
Sonreí.
- No creo, él sonreiría al probarla y luego buscaría a otro para hacer lo mismo.
Jordan rio.                
- Más bien compararía cual es más salada.
Reí más fuerte.
- Y luego él … – mi voz quedó apagada tras una mucho más sólida.
- Tú – Gruñó una voz familiar. Señaló hacia donde nos encontrábamos; mi aliento se quedó atrapado en mi garganta.
Apunté a mi pecho con dedos temblorosos, y el estómago revuelto, mientras hacía una súplica humillante al universo. Sentía como el sudor frío escurría por mi espalda.
-Sí, niña. Tú – su voz era  tajante, hiriente. Como si mereciera morir, como si en realidad hubiera hecho algo tan malo que de verdad quisiera verme muerta.
Asentí nerviosamente y ascendí hacia la plataforma donde se encontraba él junto a Katherine con una mirada maliciosa. Una pequeña parte de mí, que se retorcía de miedo, sabía como terminaría esto.
- Bien, como supongo que prestaste atención a la demostración – luego su expresión se volvió mucho más intensa y abrumadora – supongo que estás lista para tu primer enfrentamiento.
Me quedé estoica y espere a que alguien dijera algo, que dijeran: “Es una broma novata, vuelve a tu lugar y presta atención “ pero nadie se movió. Eso me incluía, puesto que creía que si movía un solo músculo toda la escena cobraría vida.
Bajó una pierna, y me miró. Supongo que había un “Te lo dije” implícito, pero decidí ignorarlo. Cerré mis ojos.
- Adelante – Seguro quiso agregar algo como “destrózala”, o hazla pagar; pero su voz sin emoción fue lo que hizo helar mi sangre. Abrí mis ojos.

Katherine se apoyaba en una pierna, con sus manos extendidas como garras, la idea era clara. Ella era un depredador, y yo… yo era su presa.
Tragué en seco y copié su posición; doblé mis manos en puños y miré al frente, no a ella. Era incapaz, podía sentir su fulminante vista sobre mi sin tener que dirigir mi mirada hacía ella. Era aterrador.
Un segundo parpadeé y vi como formaba sus puños; parpadeé dos veces, se abalanzó; parpadeé tres veces, se encontraba frente a mí  con una mirada diabólica; parpadeé una cuarta vez, pero no tuvo sentido:  un segundo después quedé inconsciente. 

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