Desperté con sudor frio en todo el cuerpo a
pesar de solo llevar una camiseta enorme y sabiendo que estaba helando. No
ayudaba el hecho que Dylan se encontraba al otro lado, aunque cuando volvimos
de la cena cada uno se fue a su catre en silencio.
Consulté la hora con el reloj que me habían
otorgado y apenas eran las 4:30.
Estaba muy despierta y no creía posible
volverme a dormir, así que salí de la cama con pasitos cuidadosos, pendiente
que él no se volteara y me viera en esta camiseta que apenas me cubría el
trasero, cortesía de la generosidad de Mia. Tenía que conseguirme otro pijama.
Cuando llegué al baño, puse el pestillo y
abrí el grifo del agua caliente. Me metí disfrutando la sensación de ella, al
menos esto era como en casa.
Comencé a pensar en ellos, en lo que fueron
o no, me llenó un aire de tristeza,
nostalgia y soledad, pero traté de alejarlo.
Nunca fue real, nunca me perteneció ese lugar, nunca me pertenecieron,
no le pertenecía a nadie, y nadie me pertenecía.
Lágrimas calientes y silenciosas se
derramaban junto al agua hirviendo antes que pudiera detenerlas. Negué con la
cabeza y cerré el agua.
Salí de la ducha y me vestí rápido, quería
salir de allí, quería encontrar un lugar tranquilo donde pudiera respirar, y
olvidar todo por unos minutos.
Apagué la luz del baño y dejé mis cosas en
la cómoda y salí de la habitación en silencio.
Caminé por el pasillo por el que Mia me
arrastró ayer; Las paredes eran tan parecidas que tenía que contarlas para
poder dar con la dirección del parque con el que di el día anterior, primero
giré a la derecha, luego a la izquierda y luego algo como izquierda, derecha,
derecha. Cuando llegué estaba un poco mareada, tomé una gran bocanada de aire
mientras avanzaba al próximo asiento de cemento.
El parque se encontraba en medio de los
majestuosos edificios de cristal, se veían
muy grandes, pero eso era porque estábamos bajo tierra o algo así, pero la
vista era imponente, se sentía como si fueras una criatura pequeñita, tan
pequeño como una hormiga, y esas personas que vivían allí me observaban como un
ser pequeño e indefenso. Ridículo ¿no? Quien estaría a las cinco de la mañana
observando a la chica rara tener un respiro.
En la madrugada de principios de otoño la
brisa fresca y fría golpeaba mi rostro, el sol aún se encontraba escondido,
mientras la noche apenas huía del alba.
Cerré los ojos inhalando un poco del aire y
traté de no pensar, deleitándome con el silencio y los pocos sonidos emergentes
de los animales que habitaban el pequeño parque. Me quedé así unos minutos, tal
vez fueron horas o tan solo segundos, no estaba segura, pero me sentía más
fresca, menos encerrada, un poco más libre. Podría ser que no quería ser yo en
ese momento, solo pensaba como alguien más, solo una persona sin
preocupaciones.
Abrí
los ojos y me paré de la silla con rapidez, no era muy atlética, pero quería
correr, así que lo hice.
Recorrí el lugar con grandes zancadas,
mientras sentía algo caliente correr por mis venas, como si una corriente
eléctrica me despertara y me diera aún más energía. No dejé espacio sin
recorrer, con pasos constantes y largos me moví por todo el lugar hasta que no
pude más y me recosté en el tronco de un
gran árbol con su áspera corteza clavándose en mi espalda. Arranqué un poco de
grava fresca, con toquecitos de roció y la olí, olía a tierra, a naturaleza, a
vida.
Tomé varias respiraciones y sentí florecer
una sonrisa en mi rostro, una de satisfacción. Miré mi reloj y marcaban las
seis y cuarenta y cinco, hace una hora había salido el sol me paré y recordé.
El entrenamiento era a las siete y
cuarto. Iba a llegar tarde. Tomé una gran bocanada de aire antes de salir
corriendo hacia mi dormitorio.
Entré
a la habitación cuando Dylan se amarraba sus zapatos. Al momento de
advertir mi presencia asintió a mi dirección en forma de saludo, le devolví el
gesto y me dirigí a mi cómoda, donde
había dejado las otras prendas. Me quité el abrigo pues el haber corrido desde
el parque me había subido la temperatura y me quede con la camiseta ajustada y
sin mangas blanca que usaba debajo;
Recogí mis cosas y me metí al baño absorta en el dolor palpitante en mis
pies. Me duché con rapidez y me vestí
tratando que no fuera muy tarde, revisé el reloj de muñeca y eran las siete
cero cinco, amarré mi zapato izquierdo, cogí mi tarjeta electrónica y salí
corriendo al vestíbulo.
No había nadie en él, bueno, nadie además
de Mia que se encontraba recostada contra una de las puertas.
- Lo siento – Dije avergonzada.
- No es conmigo con quien tienes que preocuparte
– dijo señalándome el pasillo con la barbilla.
La seguí corriendo por los mismos pasillos
que atravesé hace unos minutos hasta la salida del edificio de los iniciados… o
eso creo.
Antes de llegar Mia desaceleró y me miró,
paré a trompicones y casi logré caerme.
-
Que no te intimiden, ellos tienen más miedo que tu – susurró a mi lado.
- ¿Qué agallas? ¿De qué hablas?, solo llego
tarde por darme un baño – le respondí en voz baja.
- Las agallas que vas a demostrar ahora
mismo, entrando como si el lugar te perteneciera y con todo el estilo posible –
dijo todavía en un susurro y un guiño.
- ¿Estás loca? – pregunté con una pequeña
sonrisa en mi rostro.
- Puede –respondió con otra un poco más
grande –Ahora levanta la barbilla y no mires a nadie más de dos veces, trata de
actuar lo más arrogante posible – levantó una ceja y dijo – Creo que no será
muy difícil.
Me dio un guiño y avanzó a donde se
agrupaban las filas de los chicos.
Me dejó a la deriva. Respiré profundo y
seguí el consejo de Mia… Todo lo que pude; Puse mi mirada más glacial, levanté
mi barbilla y acomodé mi postura. No era muy alta, pero aun así todos me
abrieron paso hacía un lugar en la fila.
Me
di una pequeña sonrisita por esa pequeña victoria, no obstante desapareció de
la misma manera que vino.
- Bien, ya que todos se dignaron a venir a
tiempo, empezaremos ahora, a menos que alguien tenga que ir al baño –dijo una
voz fría masculina y profunda desde al frente de la fila.
-
Ya es suficiente Tile, sólo fueron unos minutos – respondió Mia. Podía sentir
como rodaba los ojos.
Alguien bufo, como tragándose la risa.
- ¿Qué clase de nombre es Tile?- dijo Dylan
desde adelante, podía ver su espalda sin embargo el resto de los chicos me
impedían ver lo que sucedía.
Sólo pude ver a Dylan siendo empujado y
después el hombre diciéndole algo con voz profunda y tenebrosa:
-
Uno con el que no querrías jugar, chico.
En ese momento no me escandalicé por la actitud de Dylan, bueno para mí ya era
algo común, y como en la escuela lograba meterse en líos por bocazas.
- Bien, haremos un recorrido por el
edificio C y después al centro de entrenamiento, ahí realizaran parte de sus
pruebas generales y luego a la base donde realizamos las pruebas avanzadas. –
Dijo el compañero de Mia.
- ¿Y cuándo empieza el entrenamiento? –
preguntó Dylan
- ¿No te has dado cuenta novato? – Preguntó
el hombre secamente – Justo ahora
Majestuosos rascacielos se elevaban a
nuestro alrededor; llevándose mi aliento con ellos. Los escasos rayos de sol se reflejaban en el cristal de los edificios,
creando hermosos destellos de colores.
Todo estaba hecho de cristal, haciendo ver a la ciudad inverosímil, como si la mano humana nunca
hubiera tocado tanta perfección.
Sacudí mi cabeza, sacándome de toda ensoñación,
pero no suficientemente rápido porque igual choqué con el chico de adelante.
Susurré una disculpa y presté atención al gran edificio que se encontraba en
frente nuestro, era enorme y suntuoso, tan alto que casi tocaba los límites
aéreos de la ciudad aquellos de los Mia mencionó antes.
Multitudes de personas vestidas de blanco
cautivaban mi vista, caminaban apuradas con rostros serios y sus manos en los
bolsillos. Miré a las personas que salían del edificio, muchos se veían muy
ajetreados, con expresiones frustradas y afligidas, otras en cambio sonreían
como si su éxito fuera a cambiar al mundo.
Mientras absorbía todo lo que podía, no me di cuenta que alguien, desde
adelante, estaba hablando.
-…. Edificio C es el principal edificio de
investigación; en ellos se resuelven problemas… - la voz se volvió un poco
sarcástica, como si no creyera lo que él mismo estaba diciendo, como si no
fueran sus palabras – inminentes – Podía
escuchar los pasos del sujeto, eran firmes y pausados, lentos y fuertes,
caminaba como si fuera dueño del mundo, y se dirigía hacia donde mi fila se
encontraba, dándome a conocer su rostro.
El rostro de un chico. El rostro de un
joven… con ojos azules.
El chico de los ojos azules.
Pude sentir como mi pulso se aceleraba y mi
cuerpo me obligaba a respirar más rápido de lo normal, porque si no fuera así
me olvidaría de cómo hacerlo. Aparté la mirada y la fijé en la nuca del chico
de al frente, con la esperanza que no me
notara.
Fui consciente de su presencia y de la
intensidad de su mirada, tan escandalosa como la mía, solo que él la exhibía
con descaro y suficiencia, admiré su osadía, en realidad la envidié, pero él no
contaba con una melena de rizos rubios.
Me olvide de como respirar cuando en vez de
seguir adelante se quedó estancado a mi lado, me sentí como una niña con miedo
tras hacer algo malo, ese miedo nos hace decir la verdad y cuando tenemos miedo
no divisamos las consecuencias o por el contrario pensamos todo más de dos
veces.
Pues yo me sentía como si fuera revelar
todo lo que supiera, si tan solo me lo preguntaba sin siquiera pensarlo.
Su voz grave resonó a mi lado.
- Después de las pruebas generales, eso si
las pasan – dijo con una risita maliciosa -
ustedes se convertirán en eruditos, o en soldados – su mirada viajó entre los demás con expresión
arrogante y presumida deteniéndose en mi
– su decisión, sea cual sea, los definirá – hizo una pausa dramática - y los convertirá en uno de nosotros.
Eso significaba, que no era nada, que en
este momento no pertenecía a nada, debía ganar mi lugar. Bonita bienvenida.
- Bien – dijo Mia aclarándose la garganta –
aclarado eso, podemos continuar – su voz estaba vagamente molesta, viajando
desde donde estaba hasta mi lugar en la fila, junto al chico de los ojos
azules. Me lanzó una mirada y una sonrisa cómplice y llena de apoyo. Puede que apenas conociera a la chica, pero
ella veía algo en mí, algo que ni siquiera yo podía determinar ¿Acaso eso era
una buena señal?
Nos abrimos paso al interior del edificio,
recorriendo cada una de sus plantas, observando en lo que cada una se
trabajaba. Miraba a todos lados, fascinada, todos llevaban batas blancas,
muchos con lo que parecía manchas de café, con miradas listas y calculadoras,
fijas en sus proyectos, y con seguridad, uno o dos notaron nuestra presencia.
- Como pueden observar todos los edificios
del centro están hechos con cristal – Dijo el chico haciendo una pausa como
para que confirmáramos ese hecho – Pero en realidad no es así, son nano
partículas de Stanium, un elemento que descubrimos hace poco.- No, no han escuchado de él, porque es bastante
custodiado en el sector, por no decir confidencial, dado que sus cualidades
podrían ser utilizados en nuestra contra – puso los ojos en blanco, casi como
si fuera ridículo que eso fuera a pasar -
Su principal característica es se
puede atravesar, principalmente miembros humanos, y además es prácticamente
indestructible – dijo atravesando su brazo a una de las paredes, con una
sonrisa socarrona.
Inmediatamente me pregunte, que pasaría si
alguien caía, el material lo resistiría, o solo lo dejaría ir. Me arriesgue a
levantar la mano para hacerle la pregunta, aunque en realidad me estaba exponiendo
mucho. Sabiendo que mi altura no ayudaba me aclaré la garganta.
El chico se volvió hacia mí con una sonrisa
fingida.
- Las preguntas al final del recorrido
cariño – Dijo con una falsa cordialidad y se volteó de nuevo.
Fruncí el ceño y me aclaré la garganta y
hablé de todos modos.
- ¿Y qué pasa si alguien resbala junto a
una ventana? ¿Se cae de todos modos o ella le opone resistencia? – Dije mirándolo
fijamente, ignorando que hace un rato casi me muero cuando le vi, y ahora solo
era otro Dylan, solo que más grande, y… más atractivo.
Todos se quedaron en silencio, en especial
cuando el chico se volvió hacia mí caminando a mi dirección, con una expresión
bastante atemorizante, pero ya no podía dar marcha atrás, lo hecho, hecho está,
así que alcé la barbilla de nuevo y miré a sus gélidos ojos.
- ¿Quién sería tan torpe para resbalar
junto a una ventana? – Dijo con una mirada cínica – ¿Lo serías tú, pequeña?
Todos rieron, y yo me sonrojé, bajé la
mirada, solo teniendo vista a mis
zapatos. Subí la cabeza dándole un vistazo a Mia que tenía el ceño fruncido y
los brazos cruzados, bueno había solidaridad de su parte, ella encontró mi
mirada y pude ver como una chispa se encendió en sus ojos.
- Prácticamente – murmuró mirando al chico.
- ¿Disculpa? – Dijo mirándola extrañado,
mientras ella levantaba una ceja.
- Si ya sabes, todo tiene un defecto ¿O no
Tile? – Ella sonrió y dijo maliciosamente – Todo alguna vez flaquea, en
realidad su pregunta no me parece tan descabellada, la verdad sería una caída
desde muy muy alto, además hay personas con problemas a las alturas, podrían
solo caer viendo desde donde están desde la ventana - terminó como si fuera una charla normal.
La mirada arrogante del chico flaqueó un
poco, y se dejó ver como un niño vulnerable, pero lo oculto rápido y sonrió de
nuevo y dijo:
- Bien, ya perdimos mucho tiempo en
preguntas infantiles – Dijo mirándome - ¿Podemos continuar?
En ese momento sentí ansiedad, ansiedad de saber, de ver el punto
débil de cualquier cosa, de ver caer este edificio. Pensaría que era
pensamiento bastante perturbador pero sentía la misma impaciencia que aquellas
personas que vi hace un rato, ellos no querían, ellos necesitaban saber el porqué. Y yo también.
Después de la visita al edificio seguí a Mia a
la cafetería, un aire de inquietud y una mirada pensativa, sin contar que no
había dicho una palabra en el camino, lo cual era decir mucho, no la conocía
pero podía afirmar que la chica nunca paraba de hablar. Puede ser que le generé
problemas con el joven por defenderme y todo eso.
Nos sentamos en una mesa cerca de la fila,
puse mi bandeja con pancakes, junto a la
de Mia que llevaba una tortilla. Ella comía distraídamente como si estuviera en
modo automático, mientras que mi plato continuaba intacto, la culpa me llenaba,
mi garganta estaba seca, así que tomé un poco de agua y la enfrenté.
-
Lo siento – Dije aclarándome la garganta.
- ¿Por qué? –Respondió ella, mirándome a
los ojos por primera vez en todo el rato.
- Porque… - sentí que mis mejillas se
sonrojaron - te metí en problemas con
aquel chico – dije insegura.
- ¿Con Tile? – Asentí enérgicamente – Bahh,
es un engreído, nada más es un idiota con título – dijo quitándole importancia.
- ¿Que no es tu jefe? – Pregunté
consternada acerca de la forma que hablaba sobre él.
Soltó una carcajada.
- Eso quisiera él, no, no lo es, aunque
lleva un tiempo tratando de revertir ese hecho – dijo sonriéndome con orgullo
de sí misma.
-¿No le caes bien? - Pregunté, al fin y al cabo si iba a ser su
amiga tenía que conocerla ¿no?
- Por el contrario, le caigo muy bien, solo
que es bastante orgulloso y no puede decirle no a una competencia y no puedo
negar que lo mismo ocurre conmigo – Dijo guiñándome un ojo.
- Entonces… ¿Son amigos?
- Pues, sí… algo así – respondió sonriendo.
- Si lo son, entonces supongo que ese no es
problema – dije meditando un poco sus palabras – Entonces….
- No te preocupes por mí niña, deberías
torturarte por que tu reputación de chica mala siga en pie – dijo con una
sonrisa malvada y tomando un sorbo de café.
La
miré a los ojos y sonreí un poco, antes de tomar un poco de agua y empezar a
comer.
Nos reunimos afuera del centro de iniciados
para poder entrar a una puerta a la derecha de la entrada donde unas letras mayúsculas señalaban el
centro de entrenamiento.
Era una bodega bastante amplia, con techos
altos y de forma circular. Había una pista de carreras alrededor de esta; podía
medir unos cuatrocientos metros, maso menos;
lo rodeaban grandes puertas, ocho en total, todas completamente
cerradas, lo cual hacía que te diera curiosidad saber que había tras de ellas,
como experimentos secretos o montones de armas. Bueno, ya estaba divagando.
- ¿Qué vamos a hacer?- Le Pregunté a Mia.
- Correr-
- ¿Sólo eso? – Pregunté sorprendida, pues
esperaba más que eso.
Pero ella me dedico una mirada que decía
más de lo que quería saber. Ellos nos
harían correr hasta que quememos nuestros zapatos, o correr descalzos, o algo
que satisfaga su perversión. Mia sonrió y se arrimó a mi oído y susurró:
- Y esto es solo el principio – Cuando se
alejó me dedico una mirada inocente, como si no fuera raro que quisieran
torturarnos.
Tragué en seco y miré a la pista, no es que
fuera indolente, pero lo que yo hacía no era tan grande como esto, cuando
corría, corría sola. Me sentía claustrofóbica en este lugar, pero traté de
reprimir esa sensación con todas mis fuerzas.
Miré mis botas y arrastré mis pies hacia el
centro de la pista.
- Bien novatos, empezaran a correr hasta
que sus zapatos ardan y continúen corriendo descalzos – dijo el chico con su
continuo tono malicioso, me pregunte ¿si nos odiaba tanto, entonces porque tomó
el empleo? – Pueden empezar – dijo mientras todos se movían.
Me quedé quieta, esperando que dejaran algo
de espacio; me sentía ya, lo suficientemente atrapada. Mientras esperé, él se
acercó por detrás y me gritó en un tono bastante molesto.
- ¿Acaso no fui lo bastante explícito? –
Dijo cogiéndome del antebrazo, con brusquedad pero sin lastimarme pero aun
sobresaltándome de igual forma – No es solo para ellos niñita.
Su tacto fue molesto, como si le diera cierto
asco tocarme, y eso fastidio totalmente mi estado de ánimo, además del pánico
que me provocaba, eso más la ira de decirme niña, era como volver a la
secundaria. Por un momento la vista se me nublo y palabras salieron de mi boca
antes de poder procesarlas.
- No.Soy.Una.Niña – Alejé mi brazo con un
movimiento brusco, y le di una mirada fría, antes de dirigirme a correr.
Pude sentir del desconcierto del chico, la
mirada aterrada de los demás y la risitas contenidas por la mano de Mia.
Me sentí poderosa en ese momento, una
especie de adrenalina fluía por mis venas, la que hizo que no mirara atrás y
siguiera a un ritmo constante ignorando
las miradas de los demás. Y aunque no quería, estaba segura que tenía la mayor
sonrisa de satisfacción de todo el mundo plasmada en mi rostro. Después de todo
había tratado mal a Mia ¿Cierto?
Seguí adelante, respirando profundo, rechazando
la fatiga. Ya había hecho más de cinco y ya muchos habían acabado agotados,
doblados en dos o tirados en el piso, y los que no, apenas se arrastraban por
la pista, entre ellos Dylan, dándose a conocer cuando su molesta risita resonó a
mi costado.
- Ya decía que era hora que lo admitieras
–Dijo su latosa voz duro, pero entrecortado gracias al cansancio. Rodé los ojos
e ignoré su comentario.
Poco a poco mi pecho y mis pies ardían,
dándome un empujón más para seguir adelante, como si el fuego que hay en mis
pulmones hiciera contacto directo con mi cerebro y me obligaran a seguir
avanzando, como si mi cerebro fuera más de mis capacidades. Era una sensación
extraña, pero satisfactoria. Al menos ahora.
Logré pasar otras cinco vueltas antes de
doblarme en dos.
- Faltan tres minutos – dijo el chico,
recobrando su tono arrogante.
- Ya cállate Tile, terminaron ya hace rato
– dijo Mia mirándose las manos.
Después de un gruñido de frustración dijo
- Vale – dio un suspiro y gritó- ¡Basta
novatos, acérquense!
Me apoyé en mis rodillas y respiré profundo
y me dirigí donde el chico y Mia.
Frotó sus ojos con impaciencia y nos miró despectivamente.
- Iniciados, déjenme decirles que son una
bola de inútiles, no resistieron más de siete
vueltas – Dijo cruzándose de brazos.
Mia se acercó a él y me señaló.
- De hecho, ella lo hizo – pero él ni
siquiera se volvió hacia mí.
Él rodó los ojos y se dirigió al resto,
completamente ignorándome.
Mia sonrió con satisfacción y me guiñó un
ojo. Sonreí y miré al frente.
- Bien, por no terminar el ejercicio,
tendrán que hacer cien flexiones de pecho – dijo castamente sin ningún
remordimiento que nos estaba matando lentamente… y apenas era la primera
sesión.
Pude oír como todos los chicos dieron un
quejido grupal, lo que les hizo ganar una mirada de muerte del chico. Sabiendo
que no podía hacer nada más, tomé aire y me tumbé en el suelo, luego me senté
pasando mis manos por mis piernas fatigadas. Estaba agotada, pero no podía
mostrar debilidad, no aquí. Así que empecé.
Uno, respiro, dos, respiro, tres, respiro,
cuatro… La actividad física era bastante devaluada por las chicas del instituto, eran actividades
extracurriculares como tejer o cocinar, yo simplemente preferí hacer algún
deporte, era satisfactorio y hacia que no pensara tanto en lo que hacía, solo
actuaba.
Levanté mi cabeza para ver a Mia dándome
animándome con un gesto con su mano, sonreí y continué.
Restaban diez y el aire en mis pulmones era
escaso, mis brazos estaban agotados y mi pecho dolía, respiraba por la boca y
pude percibir por mi costado la sonrisa de satisfacción del chico, giré mi
rostro hacia él y nuestras miradas se encontraron, había un desafío en sus
ojos, como si le estuviera vendiendo mi alma al diablo y yo en vez de correr a
las colinas, lo acepté terminando el ejercicio pensando como su sonrisa se
desvanecería, pero en vez de eso, sonrió como si supiera algo que yo no. Y la
verdad, su sonrisa era hermosa, y yo… me estaba fijando el ella. Ugg.
Cuando terminé, colapsé en el piso, con mis
brazos fatigados y la respiración artificial, alcé la mirada para encontrar a
Mia extendiéndome una botella con agua, la tomé
agradecida y tomé un poco. Sonreí con los ojos cerrados y me senté con las piernas cruzadas.
-Estoy impresionada, no eres una niñita
después de todo – Dijo Mia con una gran sonrisa.
Alcé una ceja y la mire desde abajo
- Creí que habíamos dejado claro ese punto
– dije con fingida indignación.
- Okay, chica ruda, párate de una vez - Dijo tendiéndome su mano.
La tomé agradecida y me enderece, sacudí
mis pantalones y acomode mi chaqueta.
Tomé un poco más de agua y respiré profundo.
- Parece que eres más chico que todos ellos
– señalándolos con la barbilla.
Reí bajito y le di un empujón, pero en
realidad era algo de verdad, muchos estaban tendidos en el suelo como
muertos vivientes. Pero la mirada
furibunda que les dedicaba el chico los hacía que lo pensaran dos veces.
- Que hay del chico, ¿Disfruta haciendo
sufrir a los demás? – Pregunté queriendo
saber más de él.
- Pues, tu pequeña chica, aceptaste el reto
y no la tendrás fácil – dijo Mia siguiéndolo con la mirada, estaba recostado en
un pared viendo los otros iniciados – Pero por otra parte quedó en claro que no
vas a ser parte de su club de dóciles, así que para ser una novata, niña, eres
valiente.
Reí estrepitosamente, satisfecha de su comentario, pero
al mismo tiempo no muy segura si en realidad lo era. Miré hacia el chico que me
estaba viendo fijamente con la mirada de un depredador. Y bueno a decir verdad
me sentía como la presa, vulnerable y débil, desvié la mirada odiando esa
sensación de inferioridad, como era de esperarse me encogí, dando un paso atrás
tropezándome con Mia.
- Hey ¿Qué pasa? – preguntó volviéndose.
- Nada, se me desamarró una agujeta – respondí, para
agacharme luego a “atarme” los zapatos, mientras di un gruñido de frustración.
Rayos, en que me metí.
- Y ahora que – Pregunte después de un rato.
- Iremos al edificio del centro y luego al centro de prácticas
especiales - respondió – Y tal vez después entremos al ala de pruebas psicológicas – agregó con
cierta emoción.
- ¿Te emociona ir a ese lugar? – pregunté
- ¿Tu no lo harías?, sabiendo que ahí pueden volver un
completo cobarde al hombre más valiente del mundo – dijo excitada.
- Eres macabra –
dije riendo un poco, no es que fuera gracioso, en realidad estaba muerta de
miedo.
- Pero aún sigo siendo más genial que tú – me respondió
arrogante.
Aunque era bastante perturbador pensar que podrían
derribar al más fuerte, con una especie juegos mentales, o lo que fuera que
hicieran, me generaba una curiosidad mórbida y perturbadora. Miles de preguntas
rondaban por mi cabeza, pero al menos quedaba algo de mi cordura, allí
diciéndome que lo dejara así, que no me preguntara a que le temían los demás, a
que le temía yo, o si yo me rompería, o si sería capaz de romperlos a ellos.
Sacudí mi cabeza y seguí a Mia a la salida del complejo, junto a los otros iniciados y de
último el chico.
Subimos los escalones de una plataforma suspendida en
el aire gracias a unas gruesas columnas que sostenían el peso de esta. Blanco y
transparente, columnas blancas y paneles de cristal era todo de lo que estaba
hecho el edificio, el piso era transparente y daba la impresión que ibas a
caer.
Varias personas estaban allí aglomeradas, esperando
algo, unos metros después del filo del piso. Al parecer nosotros también lo
hacíamos, porque el chico empezó a hacer una fila junto a las otras. Quede tras
un chico que no olía nada bien, creo que en realidad no lo planearon bien, si
íbamos a estar junto a otras personas no debieron dejar que apestáramos, pero
suponía que era apropósito. Asome mi cabeza a un costado del chico maloliente y
mi aliento se atascó cuando un enorme tren blanco paro en la estación las
puertas se abrieron dando paso a los presentes, pero nosotros no nos movíamos,
todos los vagones se llenaron rápidamente, menos el último que parecía ser al
que íbamos a ingresar. Mia comenzó a desplazarse a la parte trasera del tren
mientras el chico nos pedía pasar nuestra tarjeta por el sensor que se ubicaba
en la entrada del vagón.
Seguimos a Mia y pasamos la tarjeta como nos dijo el
chico y nos quedamos de pie, sin saber qué hacer, hasta que un brusco
movimiento nos indicó que el tren había partido, me acerque a la ventana y me
fije en lo que sucedía tras ella; el tren corría por las vías como si volara y
hacía ver a las personas como pequeños copos de nieve, y los edificios como si
se apartaran al pasar, se sentía casi mágico. Puse las manos en el cristal como
si así, pudiera palpar la fachada de los edificios y probar que era real, y tangible,
me generaba curiosidad la escases de árboles, un pequeño parque se situaba en
el fondo del paisaje, pero aquellos tonos verdosos se perdían ante toda aquella
vista cana.
El tren se detuvo abruptamente, lo suficiente como para
hacerme perder el equilibrio y chocar contra la ventana y golpearme en la
frente.
- ¡Auch! – Gemí en voz baja, mientras escuchaba las
risitas irritantes de un chico. Me gire hacia Dylan quien miraba sus zapatos
como si fueran la cosa más interesante del mundo y su sonrisa se había borrado
al igual como habían empezado. Miré a mi alrededor a ver que lo había espantado
y solo vi a el chico, y a Mia, riendo. Le fruncí el ceño y ella me saco la
lengua. Si, la lengua.
Sonreí a su actitud
infantil y empecé a salir como lo hacían los demás, bajamos las escaleras y
entonces vi ese gran edificio frente a nosotros. Había algo en su estructura
que lo hacía diferente a los otros edificios, en vez de tener una fachada plana
y aburrida decenas de columnas se apilaban una junto a otra con tallados en
espiral que las recorrían de arriba abajo, y junto a ellas centenas de
escalones de cemento blanco. Me quede contemplándolo, completamente atónita
ante tanta belleza, nunca había visto un edificio así, como si cada constructor
fuera un artista y esta fuera su obra maestra.
Empezando las escaleras una extraña figura en acero capturaba
toda la atención de la escena, había leído sobre representaciones materiales de
líderes y hechos históricos, de propósitos y metas, mas era tan impresionante
que lo único que podía hacer era tratar de tocarlo, un cubo de acero rodeado de
como una especie de laberinto y por el corría agua pequeñas gotas se deslizaban
por el no muy profundo grabado acerque mis dedos hacia el cubo y sentí el agua corriendo por mis dedos, una sensación
refrescante, seguí el patrón con mis dedos distraída de mi alrededor, mire
abajo y una inscripción en frente de la escultura en perfectas letras dibujadas
unidas las unas de las otras.
“ORDINATO
PROGRESSU SOCIETATIS PRONA”
Pase mis dedos por las letras y quise saber qué clase
de lengua era esto, y porque no estaba en nuestro idioma. Absorta en la caída
del agua y las uniones de las letras, no me di cuenta que alguien había puesto
su mano al lado de la mía, salte instintivamente y me gire hacia quien se
encontraba tras de mí. Una sonrisa socarrona se expandió por su rostro al ver
quien era, sus ojos azules eran risueños, sin embargo escondían un secreto, uno
que quise descubrir. Trate de poner mi mirada más glacial y me giré de nuevo,
poniendo algo de espacio entre él y yo, pero aun así sentía su aliento en mi
mejilla, que hacía que mis pensamientos fueran erráticos y mi respiración fuera
entrecortada.
- Una sociedad ordenada esta propensa a progresar –
dijo su voz grave.
- ¿Qué? – pregunte confundida.
- Es lo que traduce la inscripción – dijo con
tranquilidad.
- ¿Cómo lo sabes? – dije recelosa.
Él me sonrió y guiño un ojo antes de subir unos
peldaños.
- Este es el edificio del capitolio, es el centro de la
ciudad, donde se ubican los juzgados y la historia de nuestra sociedad y blah
blah blah, entre menos hablemos más rápido iremos al segundo punto del
entrenamiento de hoy – dijo poniendo sus manos juntas y apretándolas.
Lo seguimos al interior del edificio, y Mia comenzó a
toquetearme el hombro, me zafé de su toque y la miré, ella me hizo gestos para
que la siguiera, lo hice al mirar atrás, y vi que nadie me miraba.
Ella sonrió pero no una sonrisa verdadera, sino una
falsa.
- Ten cuidado de lo que dices – dijo en voz baja.
Le di una mirada inquisitiva y ella se giró y levando
la cabeza a una pequeña esfera puesta en la esquina casi imperceptible. Sabía
que era una cámara, desde pequeña me había fijado en esos pequeños globos sin
ninguna razón aparente, pero nunca lo había mencionado a alguien; no era
necesario.
Asentí también con una sonrisa y la seguí para
encontrarnos con los otros.
El resto del tour fue simple, estatuas suntuosas sobre
alguien que según ellos había servido a la comunidad hace mucho tiempo, pero en
realidad nunca habíamos escuchado de ellos, así que prácticamente eran
fantasmas para nosotros; una charla bastante ensayada por parte del chico, que
por otra parte se veía bastante molesto por ello y varios comentarios sin
sentido de parte de Dylan, aunque decir sin sentido sería un eufemismo. Luego
fuimos al centro de las pruebas específicas que era bastante impresionante,
pero tan impresionante como lo es todo aquí. Prácticamente después de la
intervención de Mia quede estoica, no podía procesar del todo lo que decían,
pues solo un pensamiento rondaba en mi cabeza.
Me estaban observando.
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