Frío… Eso era
todo. Podía escuchar las gotas de lluvia cayendo pesadas contra una ventana, no había luz, ni
color y la oscuridad… Era fría y pegajosa.
Niebla espesa y densa hacía que mis miembros de sintieran pesados y
adormilados al límite de quedar inservibles. Me desplomé en el suelo; mis
párpados se sentían pesados y mantenerlos abiertos era complicado, así que me
rendí y los deje caer. Pude sentir el frío contra mi mejilla mientras gotas de
agua que caían contra mis pies
ascendiendo por mis piernas, de un momento a otro, todo ruido que se hallaba en
la habitación, cesó, abrí mis ojos para intentar ver algo pero lo único que
pude ver fue oscuridad y el murmullo del silencio. Estaba demasiado silencioso
como para sentirse en calma, demasiado quieto como para ser tranquilo, pude
sentir como mi respiración se escuchaba pesada y ruidosa, cerré de nuevo mis
ojos para restaurar mi calma, entonces lo escuche…
Un disparo
Desperté con
el pulso a millón y la respiración entrecortada, me faltaba el aliento y me era
difícil moverme, las sábanas de algodón me aprisionaban y la tela blanca rasguñaba mi piel sensible. Logré
llegar a la ventana con pasos torpes y abrirla para dejar pasar un poco de
aire, saque mi mano derecha todavía algo lánguida por el gélido cristal y la deje
allí unos minutos hasta que recupere la movilidad y mi pulso se restableció. Me estiré y caminé
hasta el baño cerrando la puerta con pestillo; Abrí la ducha y sentí el agua
helada contra mi espalda calándome hasta los huesos y poniéndome la piel de
gallina; poco a poco el agua se iba calentando y a medida que esta aumentaba, mi
tensión perdía intensidad.
Me volteé y
cerré los ojos deleitándome del agua y enjuagando mí cabello, entonces sentí algo, algo extraño,
alguien más, me giré para ver que sucedía y pude observar una sombra, la
silueta de alguien se encontraba allí, cerré los ojos y cuando volví a abrirlos
me di cuenta que no había nada, abrí la puerta de vidrio y pude ver que la
habitación estaba vacía, me recosté contra la pared del baño y respire profundo
tres veces y salí.
Me paré
frente al espejo peinándome mi cabello rubio cobrizo, lo suficientemente raro
como para no ser común, nada nada común, toda yo soy fuera de lo común,
comenzando desde mis ojos, densos de pestañas
y tan verdes que muchos los describirían como falsos, como es el caso de
mi padre, él decía que era una bendición, no todos tenían ojos tan bonitos, yo
asentía pero igual me sentía escéptica, pues no creía que fuera una bendición
era más como…. Un castigo.
Me puse una
camiseta y unos Jeans, generalmente las
chicas deben usar falda, pero es demasiado tedioso, es muy larga y fea, pero
unas cuantas veces al mes podemos usar pantalones nada ajustados, pues no
podemos vestirnos como ellos. Los Innombrables. Se hacen llamar así porque cada
vez que mencionas su nombre te toman como traidor por medio de los micrófonos
que están en todas partes de la ciudad. Los chicos decían que te torturan hasta
que te declaran inocente o en su defecto te desterraran y nunca podrías volver
a pisar territorio civil. Y aunque eran de esas cosas para asustar a los niños, parte de toda mentira
siempre va a ser verdad.
Magled, mi
país, se divide por estados, cuatro en total: la zona civil, la zona militar,
la zona muerta y la restringida por la radiación. La zona militar se divide en
dos sectores, este y oeste, y la civil en cinco en la parte sur del país, mi
familia y yo nos encontramos en la tres llamada Strayland.
La zona
civil la ocupan aquellos habitantes que trabajan como constructores, vendedores, cocineros, conductores del tren y
trabajos cotidianos que no requieren educación avanzada. En la zona militar
habitan aquellos que deciden unirse a sus fuerzas para proteger nuestra
comunidad, o también para continuar sus estudios para ayudar con innovaciones
tecnológicas; La zona muerta es donde se encuentran los innombrables, los
desertores, que ocupan el resto del territorio sin contar la zona restringida
después del Eclipse, fue una guerra donde los Oscuros (el verdadero nombre de
los innombrables) se hicieron notar y las fuerzas de los guardianes lucharon contra ellos desde ello, desde
entonces les llaman vulgarmente la luz.
¿Cuáles son
los requisitos para poder elegir nuestro destino?
Tener
16.
Al terminar
la secundaria media se tienen dos opciones, una, la más segura de ambas, es
seguir tu vida como civil y casarte con uno de los candidatos genéticamente
compatibles y tener descendencia, conseguir un trabajo aprobado por nuestro
sector y si eres afortunado tal vez parte del consejo de la ciudad, eso si eres
chico, si eres chica eres condenada a vivir tu vida atada como una ama de casa
sin opciones, ¿condenada? ¿Atada?, si, palabras muy grandes, pero muchas veces
así se siente. La otra opción es convertirse en un guardián, ambos géneros lo
puedes hacer, pero si fuera tan sencillo todas tomaríamos la decisión sin
dudar, pero no es así. Uno de los requisitos para ser un guardián es aprobar
todas las pruebas, y tener un buen desempeño, demasiado bueno si no quieres ser
desterrado, dicen que las pruebas son brutales, y que por eso muy pocas mujeres
se arriesgan a tomarlas. Otro de los requisitos de las pruebas es tener la
certeza que no tendrán compañero sentimental, pues aunque los soldados también los emparejan con chicas civiles, las chicas que son soldados
no son la definición para buena madre,
que es la única razón aparente del matrimonio, es ridícula esa afirmación, pero
es cierta.
¿Pero para
que es necesario tener a alguien a tu lado?, ni siquiera encuentro el objetivo
de tener un vínculo con un completo extraño, pero es mi palabra contra la de
los demás. Es claro que no encuentro atractivo nada de este sistema pero aun
así, mi madre espera mucho de mí, pero ella no lo sabe, nadie lo sabe, y si no
lo digo tal vez no será del todo cierto y no la desilusionaré desde antes, pues
tal vez, solo tal vez cambie de opinión.
Existe otra
opción, pero menos optada es convertirse en un traidor, unirte a los oscuros.
Aunque suene raro hay algo en ellos que me genera curiosidad, como si quisiera
ver tan solo un vistazo, pero sé que es ridículo pues mi vida está ligada a la
justicia, y no al mal.
Ya fueron
meses desde que me dije que tendría que escapar de aquí, podría decirse que
nunca estuve más decidida en mi vida, pero ahora temo que esa decisión hubiera
sido infantil, y que no hubiera pensado en las consecuencias que eso traería,
pero trato de pensar claro, que esa sería
mi decisión, y que no sería una cobarde.
En dos días
se realizará la selección, todos están frenéticos, pero no tanto las chicas,
ellas siguen hablando tranquilamente, como si el futuro de sus vidas no
pendiera en una sola decisión; Pero, ¿por qué sucede? Porque no nos
caracterizamos por el riesgo y el coraje. Su lema podría ser “No salgas de tu
zona de confort a lugares desconocidos donde la esperanza puede morir”. Mamá
bien podría tejerlo en un cojín, pero yo, no estoy de acuerdo, no es con razón
con lo que actúan, es cobardía, y sería una gallina si llego a quedarme aquí.
Salí de casa
después de tomar el desayuno, el olor a rocío fresco predominaba y el cielo
gris se asemejaba a mi estado de ánimo. A unos metros estaba la estación del
tren donde los estudiantes se transportan a la escuela. Era un edificio grande
con un gran reloj análogo en su fachada de color crema y detalles de color
plata.
El tren estaba
abarrotado de jóvenes, los chicos con pantalones y camisetas estampadas y las
chicas con faldas blancas o colores pastel, la mayoría no se arriesgaba a usar pantalones, son demasiado varoniles
para ellas, es ridículo.
Tomo asiento
al lado de Daniel, un chico que conozco desde primer año, que si no estuviera
prohibido tener interacción cercana con el otro género le llamaría mi amigo,
los chicos y las chicas deben tener poco contacto aun si fueran hermanos. El
año pasado capturaron a una compañera por estar encerrada con su hermanastro en
el sótano de su casa, muchos dicen que
compartían sustancias prohibidas, y que después de encontrarlos los
exiliaron. Por eso me da un poco de miedo interactuar con él en público, pero
aun así somos bastante cercanos.
- Hola – Dice
con una pequeña sonrisa – ¿Cómo estas Lizzie? -
- ¿No crees
que soy lo bastante grande para ese apodo? – pregunté con una sonrisa discreta.
- No lo creo
– respondió con un guiño – No eres más grande que yo – Sus ojos brillaban, eran
hermosamente grises en un tono plata y tan cálidos como un rayo de sol.
Me ruboricé
un poco pero seguí con mi punto.
- Es
imposible serlo – Dije poniendo los ojos en blanco – Muy pocos son tan
altos como tú -
- Eso dices
porque eres bajita y no quieres admitirlo – Media 1,65 no era tan bajita.
Le di un
empujón con el codo
- Quieren calmarse – dijo Carrie a nuestras
espaldas
- ¿Y qué más
da? – respondí encogiéndome de hombros
- Ja ja, muy graciosa, lo dice la chica que
casi se muere cuando miro un segundo más a algún chico – Dijo con una sonrisa
La mire
ceñuda. Carrie era mi mejor amiga, con quien hacíamos “cosas de chicas” o así
llamábamos a nuestras extrañas noches juntas, que consistían en ver la gente
pasar e inventar una historia
completamente fuera de lo común, o permitirle que me hiciera peinados extraños
con fijador, pero a pesar de todo eso lo que nos unía mas era la lectura, pero
no libros normales, no, los prohibidos, los que narraban las historias
extraordinarias y te llevaban fuera de este planeta, que eran explícitos con
sus palabras y sin necesidad de ocultar nada.
- Y a que
debemos este acto de rebeldía – preguntó Carrie tomando asiento frente a
nosotros
- Me dijo
bajita – dije cruzando los brazos y dándome cuenta que había olvidado mi
abrigo
- Creí que
ya lo sabias – dijo con una sonrisa maliciosa, mientras yo le lanzaba cuchillos
con mis ojos.
- Toma –
Dijo Daniel poniéndome su abrigo en mis hombros, me congelé en el momento y
busque la mirada de Carrie para buscar algo de apoyo.
- Gracias –
dice apenas con un susurro, me sentí incomoda y avergonzada, de que no sé, pero
sentí el calor invadiendo mis mejillas, aunque sólo podía ser miedo.
Después de
un silencio bastante incomodo Carrie habló.
- ¿Cómo te
sientes?, digo el jueves son las elecciones y mañana darán los resultados de
las pruebas de compatibilidad. – Dijo mirándome fijamente - ¿No estás ansiosa?
Suspiré
No podía
decirle a nadie mis intenciones, ni siquiera a Carrie, Pero en ocasiones creía
ya lo sabían, que todos lo sabían… Pero eso era imposible, pues me había
comportado de manera ejemplar todos estos años como para que sospechen de mí, lo
único fuera de lugar en mi vida era Daniel, y los libros pero era imposible
abandonarlos, pues todas esas historias míticas me despertaban y transportaban
a otra época, a otro lugar, donde se podía ser feliz, donde había opción.
Y el
conflicto de quedarme aquí es el
conseguir pareja, porque compartir el resto de mi vida con un completo extraño
y aun así actuar como si no lo fuera. Sin contar lo de criar niños, ese sería
otro problema, otro muy grande que no creo que pueda resolver.
- Eh, si eso creo – rompí en silencio, pero sin
convicción.
Carrie dejo
de mirarme y empezó a parlotear.
Pero Daniel…
sentía su mirada, no era necesario que hablara, sentía que me compadecía, solo
con la mirada, pero era tan irreal como que supiera mis decisiones, pero entonces
una pequeña voz en mi cabeza hablo y dijo lo que había estado pensando todo
este tiempo:
Él lo sabía.
Negué con la
cabeza y mire por la ventana.
En clase nos
enseñan sobre la historia del país, matemática y química básica y restos de
biología, la verdad no es nada formativo, si tú quieres aprender algo de
verdad, tienes que salir de aquí.
Estaba
anotando alguna ecuación cualquiera en mi cuaderno, cuando un grupo de
murmullos se agruparon tras de mí. A lo largo de los años aprendí a ignorarlo,
que solo son niños en busca de diversión.
Entonces
sentí que algo cayo en mi brazo derecho era pequeño y húmedo, me gire para ver
que era. Bolas de papel. Qué asco. Respiré
profundo un par de veces y continué escribiendo.
Si no hablas
se aburrirán, si no respondes no sucederá nada. Me repetía como mantra mientras
trataba de concentrarme en la maestra. Pero era imposible cuando un grupo
entero de personas tratan de llamar tu atención, volando a mi lado un avión de
papel ganaba mi atención, lo abrí y lo
leí.
“Y entonces
Boggy y su príncipe azul, vivieron felices para siempre en el espacio, con sus
hijos aliens”
Eso era
demasiado, respiré una vez más, y apreté los puños concentrándome en la presión
de mis uñas en la carne de mis manos.
Escuché un
coro de risas y luego una voz burlona que conocía bastante bien.
- ¿Dónde
está tu príncipe azul, rarita, o el tuyo es verde? – Dijo la voz tras de mi
Ya no podía
soportar esto, no podía, y si me quedaba allí lo único que conseguiría sería
una expulsión por comportamiento rebelde por pegarle a ese niño, dos días antes
de terminar.
Así que
decidí salir del aula y buscar el jardín. Corrí lo más rápido que pude,
tratando de escapar de todas las paredes grises y las luces fluorescentes. Las
dos escuelas que existen en la ciudad son demasiado extensas y protegidas, y es
imposible que todos los estudiantes conozcan todos sus pasadizos, por eso me
dirigía allí, donde podía respirar aire fresco y pensar cómo actuar. Al llegar inhalé
fuertemente y me deleité de los pobres rayos de sol que habían en estos días de
lluviosos, el cambio de gris a verde hacía que me sintiera un poco más ligera,
pero no lo suficiente.
Eso no era nada, ellos no tienen ningún poder
sobre ti, me dije una y otra vez.
Estúpido
apodo. Solo por ser diferente. Suspiro. Quisiera que me diera igual, que no me
importara, que no tuvieran razón sobre eso, pero no es así.
Desde
pequeña él no ser morena con ojos oscuros
ha sido un martirio para mí, lleno de burlas y rechazo; Todas las chicas
de mi escuela lucen así, unas más guapas que otras, aunque no me importe mucho,
a pesar que aquellos que afirman este
hecho, no lo son, y es verdad aunque no
tenga que ver, y yo con mis ojos extravagantes y cabello rubio, siempre sería un punto entre multitudes.
Muchas veces
me preguntaba porque no tenía los ojos color ámbar de mi madre o su hermoso
cabello oscuro, pero a veces trato de pensar que es por algo, aunque suene
ridículo.
Tomé mi
último respiro de aire fresco y me dirigí de nuevo al aula de clase.
Después de
sentarme en mi escritorio y sentir las miradas de todos hasta que al final de
la clase la maestra me pidió que me quedara cinco minutos más.
- Eso fue un
acto de indisciplina –dijo en un tono conciliador y con una mirada preocupada.
Suspire,
quise decir que eso era mejor que le despedazara la cara al chico pero preferí
quedarme en silencio y mantener la cabeza gacha.
- Elizabeth,
tu comportamiento es ejemplar, me sorprende enormemente esta reacción – dijo
subiendo los codos en la mesa – No lo notificaré a tus padres, pero eso no
significa que no lo haga en tu informe escolar, lo lamento pero el sistema lo
dicta así, no puedes volver a comportarte así, ¿entiendes? – termino con un
suspiro.
Bueno, pudo
haber sido peor. Vi que ella busca una respuesta
- Si señora – dije monótonamente
- Bien, puedes retirarte – dijo retirando los
codos.
Salí del
aula y me encontré con Carrie.
- ¿Qué paso Lizzie? – preguntó con expresión
preocupada, este año solo compartíamos dos clases.
Nunca más la
vería, ella sería un fantasma del pasado y nada más. Al pensar en esto me llené
de nostalgia, tener la certeza que voy a perder su presencia, es poco
apaciguador, pero tengo que ser fuerte si voy a unirme a ellos. Además siempre
había sido egoísta, por qué no serlo ahora.
Me di ánimos
en mi mente y hablé con toda la arrogancia posible.
- Nada que no pueda controlar – Le respondí
guiñando un ojo.
Me miró
ceñuda y suspiró dándose por vencida. A ella le molestaba que dijera eso, pues
sabía que no era verdad, yo también. Pero nunca lo admitiría.
Caminamos en
silencio a la cafetería abarrotada de estudiantes, con miedo a romper esa falsa
calma que existía en ese momento
-Hola – dijo
Daniel sentándose en frente mío, aun
llevaba su abrigo y a pesar que su sonrisa destilaba tranquilidad y serenidad,
sus ojos eran otra cosa, estaban
preocupados y curiosos, él sabía
que había sucedido. ¿¡Como rayos siempre se enteraba de lo que me
sucedía!?
- Hola - dijimos al tiempo Carrie y yo.
- Como están – dijo suspicaz
- Bien
- dije antes que Carrie hablara
sobre algo de lo que no sabe nada.
Me miro arisco,
abrió la boca y la volvió a cerrar, quería decir algo, pero… ¿Por qué no lo
dijo?
El resto del
día estuvo igual de pesado, varios exámenes y proyectos por entregar, esto era
ridículo, la mayoría se quedaría aquí y no sería necesaria toda esta
parafernalia.
Cuando baje
del tren aspire el aire fresco; Un toquecito de humedad en mi nariz indico que
estaba a punto de llover. Solo faltaba
un día, y la única cosa en mi vida de la cual tenía certeza, escapaba de
mis manos.
Miré mi
hogar, su tejado marrón lleno de hojas, la fachada descolorida y con toques de
suciedad en las esquinas y las ventanas con cortinas color acre; entonces miré
a mí alrededor y vi cada una de las casas continuas a la mía, todo era igual,
común, mundano, simple; y todo esto podía ser mi realidad. No podría ser tan
malo. La incertidumbre me carcomía y quería alejarme de la realidad, pero no
podía. Esta era mi realidad.
Puse una
sonrisa para mis padres y entré a la casa.
Saludé a mamá
y besé su mejilla.
- Hola
Lizzie, ¿Cómo estuvo la escuela? – dijo mientras hacia la cena.
- Pesada,
aburrida y eterna – pasé mi mochila del hombro derecho al izquierdo y subí las
escaleras y me dirigí a mi habitación.
Luego de
cenar y hablar como se debía hacer todos
los días con mis padres, volví a subir y me desplomé en el colchón justo antes
de quedarme profundamente dormida. Esto era mi vida, cosas mundanas y
repetitivas todo el tiempo, sin riesgo y
sin adrenalina, no era mala, pero aun así no era lo que quería ser, sí siquiera
supiera lo que quería.
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