CAPÍTULO 3



Luz blanca cegaba y me impedía saber dónde me encontraba y eso me aterrorizaba. Parpadeé varias veces tratando de enfocar algo, no importaba que, solo una señal; la incertidumbre  de cosas nuevas hacía que me pusieran los nervios de punta.
Tenía que calmarte, tenía que demostrarles a estas personas porque te les uniste, me digo tratando de creerme al menos la mitad de ello.
Suspiré, cerré los ojos, todavía podía ver algo del resplandor, continúe respirando profundo durante unos minutos tranquilizando mi pulso, que hace unos segundos volaba a cien. Di un paso hacia adelante y abrí un poco los ojos, pude ver que la intensidad de la luz había disminuido, los abrí del todo y contemplé un vestíbulo con aire ostentoso, totalmente blanco, lleno de  sillas acomodadas por filas, en orden perfecto, tenía un aspecto antiséptico y el silencio presidía, pero en vez sentirme tranquila, me inquiete aún más.
Crucé el suntuoso lugar con pasos cuidadosos pero a la vez constantes, decidida a que no me quedaría allí parada. Me quedaban unos pocos pasos para llegar, cuando sentí una pequeña sacudida, me agache como reflejo y sentí como el piso temblaba levemente casi imperceptible, entonces lo que antes eran pasos ahora eran zancadas, corrí  hasta la puerta, no sabía que sucedía, solo actuaba.
Giré el pomo de la puerta ignorando aquella vocecilla cobarde que me dictaba retroceder, me arme de valor y abrí la puerta y me introduje dentro cerrándola detrás de mí, respirando pesado.
Estaba de cara a la puerta y lo primero que pude escuchar fueron risitas, no muy agradables sinceramente.
- ¿A dónde vas Boggy? ¿Te confundiste de nave? – Dijo Dylan atrás mío.
Puse los ojos en blanco y busqué a Daniel con la mirada, el lugar era casi igual al vestíbulo anterior, solo que este se veía menos perturbador con personas dentro. Lo encontré en la fila seis, hablando con otro chico, sin decir nada me senté a su derecha, mirando mis manos como si fueran la cosa más interesante en este lugar, aunque para ser sincera, lo eran. A los pocos segundos dejo de hablar con el chico y se giró hacia mí.
- Lo hiciste – Dijo con su resplandeciente sonrisa y sus hermosos ojos grises brillando de emoción.
Me encogí de hombros y dije – Lo hice – con una sonrisa tensa en mi rostro.
- Me alegro que te decidieras Lizzie – Dijo mirándome fijamente a los ojos, me hizo sentir incomoda, había escapada para buscar mi destino, mas no me sentía feliz, si bien quisiera, me sentía triste, engañada, desolada y desorientada. Pese a que podía ser muy lógico, duele, duele porque ya no será lo mismo, y me hace preguntarme ¿En realidad, quién soy?
Según parece no soy hija de Collin o Jennifer West, entonces… ¿Quién soy yo?
Era cierto que nunca me sentí conforme con mi vida, o que al menos encajara a la de ellos, tal vez papá trataba de hacerlo, pero nunca fue real; Nunca supe la razón, y puede que esta sea.
Suspire, de tanto pensar se me estaban cerrando los parpados, y a pesar que mi mente maquinaba miles de cosas en ese momento lo deje estar y me dormí.
Una ligera sacudida me despertó y me fijé en mi cabeza, que estaba recostada en el hombro de Daniel. Podía sentir en calor en mis mejillas sin siquiera que alguien me observase.
- Lo… lo siento – dije balbuceando un poco.
El rio bajito y apoyo su cabeza contra la mía, me quede quieta, confundida de lo que sucedía, hasta que no aguanté más y volví a quedarme dormida, sinceramente poco importaba el pasado, ya solo era el futuro. O  al menos trataba de meter eso en mi cabeza.

Desperté cuando Daniel me aviso que llegamos, ¿A dónde? Sería una gran pregunta. SI tan solo nos la podrían responder, no tener ventanas me volvía un poco claustrofóbica pero luchaba contra ese instinto.
Me paré inestable y caminé hacia lo que parece ser una salida, ya que todos se desplazaban hacia ella en una fila ordenada, Daniel se encontraba al frente mío. Escaneé la sala. Me estremecí.
Era la única chica. Miré a ambos lados y no vi a nadie más. Respire profundo y atravesé la salida y como el resto era blanco, ostentoso, y antiséptico.
Mientras todos descendían de lo que parecían ser unas naves, pude ver que desde la segunda, salía una chica alta y delgada de cabello color chocolate suelto que caía hasta después de sus hombros, me quedé observándola por unos segundos. Cuando su mirada se encontró con la mía, sus ojos eran fríos y calculadores, aparte la mirada rápidamente sacudiéndome un poco tras la sensación de sus gélidos ojos, que no era para nada agradable. 
Unas personas adelante nos informan que nos separarán en grupos, dos en realidad. Llaman a los del grupo 1, escuché  los nombres de los chicos, dejándolos pasar, sólo poniendo atención a mi nombre y al de Daniel. Los chicos pasaban y se reunían con dos hombres con miradas críticas y soberbias, escaneando las posibles habilidades de sus novatos, y mirando con despreció aquello de lo cual podría ser un problema. Uno de ellos levanta la mirada, tiene la piel un poco oscura y sus rasgos son fuertes, estoy segura que se percata de mis especulaciones, porque se me queda mirado, fijo la vista en el la nuca de Daniel tratando de ignorar que aquella mirada despectiva con la que normalmente se mira a un pote de basura se dirigía hacia mí.  Caí en cuenta que ya quedaban unos cuantos vacíos en la fila, la mayoría de los otros chicos se habían marchado mientras yo analizaba a sus líderes, como una loca paranoica.
- Paul Haynes – dijo la voz de adelante.
Ya solo quedaba uno y era prácticamente imposible que….
- Daniel Medwick - Creo que aprenderé algún día a no tomar nada por sentado.
Buscó mi mano y me dio un apretón reconfortante antes de alejarse de la fila, me dedicó  una mirada y se fue. Seguí con la mirada por donde pasaba  hasta que salieron del centro de aterrizaje.

Sin él en este momento me sentía vulnerable, pero no podía serlo, y menos aquí, así que respire  profundo, fije mi mirada al frente y cuadre los hombros; vine aquí para ser valiente, o al menos parecerlo.
Una chica de cabello largo y ojos oscuros, caminaba a un costado; su cuerpo delgado moviéndose con elegancia; mirándonos detenidamente, cuando llego a mi lado tragué saliva y me erguí aún más, en el momento que creí que ya iba a seguir adelante dio un paso hacia mí.
- Tu nombre – Dijo en tono neutro.
Tardé en procesar su petición unos segundos y dije.
- Eliza...za…Beth… - balbuceé, mecánicamente iba a decir West, pero me lo guarde, no era una verdadera West. Suspire y me tragué el dolor y el desconsuelo y respondí de la manera más tranquila que pude – Elizabeth – Respondí mirándola a los ojos.
- Es muy largo – Dijo seria, su tono de voz correspondía a alguien autoritario, pero sus ojos eran afables y traviesos, algo que reconocí de la mirada de Carrie. Inclinó su cabeza hacia un lado, su cabellera castaña se movía con ella con gracia, y pude ver que algunos chicos la miraban con los ojos abiertos como platos, y la boca tan abierta que podrían tocar el piso, la chica era guapa, mucho, lo cual me hizo preguntarme qué hacía aquí – Te diré Liza, es  y más sencillo de transmitir – Se quedó en silencio un rato mientras me miraba fijamente a los ojos – Puedo ver algo que me gusta en tus ojos. Me agradas Liza – Dijo con un guiño.
Quede algo confundida, pero algo me dijo que debía dejarlo pasar para ver qué sucede. Tal vez esa nueva yo que estaba formándose.
 Volvió al frente y empezó a hablar.
- Buenas tardes a todos, mi nombre es Mia, seré su tutora y maestra, desarrollare su primera etapa de las pruebas – suspiró y dio una mirada dura a Dylan que reía no muy disimuladamente –  Y le pateare el trasero a cualquiera que se pase de listo conmigo, yo que tu tendría cuidado – Dio un paso hacia él y le agarro el cuello de la camisa – ¿Entendiste Novato?-
Asintió.
Su sonrisa burlona se había convertido en una línea y sus ojos estaban muy abiertos. Tenía miedo.
- Bien, ya que dejamos en claro eso, diré las reglas primordiales, que solo en un caso extremo repetiré y ese será cuando las incumplan – Dijo caminando de un lado al otro – Las reglas son las siguientes:
* Para aquellas nenas inmaduras de refutan por todo va de una buena vez, no es discutible la distribución de los cuartos.
 * Las comidas se sirven  a las 8:30, 1:40 y 7: 15, un minuto tarde y les tocará esperar hasta la próxima.
*Las luces se apagan a las 9:00, cualquier novato que este rondando después de esa hora será sancionado.
*La regla es para todos ustedes, desde ahora o visten de blanco o se van.
* Cualquier insurgencia será sancionada gravemente.
- Listo todo anotado, nos vamos a sus habitaciones –
Salimos detrás de ella como si fuera un Kindergarden, todos en silencio con miedo a decir algo incorrecto. Nos guio a través de un túnel que conecta al centro de aterrizaje con lo que parece ser la ciudad. Widland.
Atravesamos  varias puertas automáticas y varios edificios que parecían de cristal pero no se veía nada en su interior, hasta unas puertas dobles  donde bajamos unas escaleras que conducían a lo que parecía el centro de iniciados.
Después de pasar por varios pasillos paramos en uno donde habían varias puertas.
- Bien, los pondré en parejas, cuando los llame acérquense y les entregare su tarjeta electrónica que además de abrir la puerta la necesitaran entrar a cualquier sitio – Saco una lista y empezó a llamar y señalar la respectiva puerta- Bien son los siguientes:
- Peter y Nathan – Ambos chicos dan un paso hacia adelante y recibieron su tarjeta e ingresaron a su cuarto.
- Alan y Max –
- Cade y Luke –
- Darrell y Julian – Poco a poco los chicos iban desapareciendo en sus habitaciones
- Jordan y Owen –Parecía que la otra chica había quedado conmigo y solo quedaban unas pocas posibilidades de quedar con ella.
- Katherine y Taylor –  Tome una respiración. No podía ser tan malo quedar con un chico, no puede ser…
 - Dylan y Liza – Solté el aire y sentí como la sangre abandonaba mi rostro y como mi expresión se volvía aturdida.
Enserio debo aprender a tomar nada por sentado.
Todos entraron menos yo, no era capaz de mover un solo músculo pues sentía mis miembros tan pesados que me toco apoyarme contra la pared para mantener mi peso.  En el pasillo solo estábamos Mia y yo.
Ella sonrió compasiva.
- Es inofensivo – Dijo encogiéndose de hombros – Y si te pasa algo, simplemente lo reportas, aunque creo que podrías resolverlo tu sola… después de unas cuantas sesiones – Me dio un visto bueno y algo se expandió en mi interior, suficiencia tal vez, a pesar de eso me sentía completamente desconcertada.
- ¿Pero… pero… y ella? – Dije
- Ella…- dijo quedándose en silencio por unos segundos – Ella es peligrosa, no es buena idea – Dijo con expresión seria.
- Lo tienes todo calculado ¿Eh? – Dije con una sonrisita, tratando de bajar la tensión.
- Puede – Dijo encogiéndose de hombros pero sonriendo. La chica además de guapa era agradable, podríamos ser amigas… o lo que sea que hagan las chicas en este lugar.
 Asentí.
- Puede que me agrades – Me sorprendí diciéndolo en voz alta.
Ella sonrió y dijo
- Me alegro que así sea – Se quedó en silencio unos segundos y luego hablo – Ven te muestro los alrededores –
- ¿Y qué hay de ellos? – Pregunte señalando las puertas cerradas, probablemente los chicos estaban conociéndose o algo así.
- Pronto vendrá alguien que los lleve – dijo dando media vuelta y caminando – Mientras tanto deléitate con mi compañía que no muchos gozan – dijo dándome un guiño – Y que tú particularmente necesitas 
- ¿Así de solitaria y necesitada me veo para acudir a ti? – Dije fingiendo estar ofendida.
- De aquí a kilómetros niña – Dijo riendo – Venga no te quedes atrás, iremos por tu ropa.
Reí y camine a su lado.
Mia me guio por varios pasillos, todos tan iguales que conté cada uno para al menos guiarme, ya iban cinco intercepciones cuando pude divisar un parque, no era muy grande, pero era hermoso, o al menos así me parecía, el tan solo ver el sol me subía los ánimos, y la esperanza, lo sé es raro, pero viendo que el sol brilla cada día, siento que todo será mejor, una rara reflexión pero…. Pero lo creo así.

En el almacén, que se ubicaba a unas cuantas cuadras, me medí muchos pantalones según lo que decían que podría usar, pero me quedaban enormemente horribles. En el momento que contemplé el último par, me di por vencida y le pedí ayuda a Mia.
- Me podrías pasar unos que tu usarías – Le roge desde probador.
 - ¿Ya era hora no crees? – Dijo arrogante.
Me tiró unos pantalones por encima y los atrapé con una sola mano.
Los enderecé y los analicé, y me decidí a probármelos, pero era un poco más complicado entrar en ellos.
- ¿Oye esto no es muy apretado? – Dije mirando la puerta.
- Ehh – Dijo indiferente – ¿es blanco? –
- Pues sí, es blanco pero…  - Ella me interrumpió antes de poder continuar hablando
- Entonces, se puede – Dijo lacónicamente.
- ¿Entonces porque no me pasaste uno de ellos antes? – Pregunte acusatoriamente.
- Porque no me habías pedido mi opinión- dijo y tras una breve pausa volvió a hablar – Además era gracioso verte vestir pantalones de hombres – Dijo con una pequeña risita al final.
 ¡¿Qué?! – Grité saliendo del probador- Como que eran de hombre y  tú no dijiste nada – dije con mis mejillas encendidas.
- Te veías bastante cómoda con ellos – Dijo displicente, tomando un mordisco de la manzana que tenía en su mano.
- ¿Acaso estás loca?, ¿qué si alguien me vio? – Dije mirando a ambos lados.
- Eres más neurótica de lo que supuse – Dijo riéndose – Me agradas aún más –
- Apenas te conozco y te acabas de convertir de las pocas personas que me irritan – dije en un tono alto.
- Cálmate, solo era una broma, nadie te vio – su expresión se tornó seria – Esos te quedan bien.
Me mire al espejo, se sentían extraños, pero no mal.
- ¿Tú crees? – dije insegura, no era linda, era apenas lo suficiente para ser normal.
- Si, misión cumplida - dijo enderezándose de su posición – Ahora vámonos -

Llegue a mi habitación con tres pares de pantalones, unas chaquetas, y varias camisetas ajustadas, gracias a Mia. No había nadie adentro. Menos mal.
La habitación medía unos  cinco metros con una ventana en ambos lados de la habitación una a la izquierda y otra a la derecha justo al lado de las camas. La cama de la derecha estaba mullida y algo desordenada así que supuse que la otra me pertenecía. Deposite las nuevas prendas en esta.
Me senté en el colchón y suspire, me mire las piernas y me decidí a cambiarme esos pantalones.
 Un minuto después tocaron la puerta y abrí y pude ver que era Mia.
- ¿Qué haces con ese vestido? -  Dijo poniéndose las manos en las caderas
-  Ehh … Yo… - Dije sin saber que decir
- Bueno no importa – dijo tomándome de la mano- Vamos se va a hacer tarde para el almuerzo, luego te cambiaras, no puedes estar así de por vida –
Me arrastró por los pasillos hasta que llegamos a unas puertas dobles donde según decía se encontraba la cafetería. Era un lugar lleno de chicos, probablemente todos iniciados, y tal vez unos cuantos instructores como Mia.
Era muy parecido como en las escuela, chicos por todos lados, grupos separados por varias mesas y gente observándolos como si fueran a hacer estallar algo, era casi igual, de no ser porque solo habían chicos y el lugar no tenía las paredes grises sino completamente blancas, además del novedoso sistema repartidor de alimentos.
 Me hice en la fila esperando que unos diez u ocho chicos avanzaran antes de mí, mientras le echaba  un vistazo a los alimentos, esa sería otra diferencia, estos se veían deliciosos, pocas veces era capaz de comer más de una manzana o un cartón de leche en la escuela, en este momento con tan solo verlos me rugió el estómago.
Pase mi tarjeta identificadora  y cruce el pasillo esperando a Mia, que siguió adelanta hacia una de las mesas libres donde se sentó justo al frente mío.
Di una vista periférica, todos vestían de blanco, cada uno con prendas diferentes pero el mismo color neutro. Cuando mire más allá encuentro a Daniel riendo con un grupo de chicos, no era difícil encontrarlo, él siempre atraía a grandes grupos. Poco después  su mirada se cruzó  con la mía y me saludó con la mano, yo le devolví el saludo con una sonrisa.
- ¿Lo conoces? ¿Es tu amigo? – Dijo Mia mientras yo despegaba mi mirada de  Daniel.
- Ehh… Yo…- Dije tomando un trago de agua, de repente mi garganta se sentía muy seca. No podía volver a delatarme.
- No te preocupes, si estamos aquí  ya no te debe importar eso – Dijo en tono despreocupado –  ¿Entonces?-
- Eso supongo – dije encogiéndome de hombros.
- Si estás aquí es porque no te molesta estar sola – Miro por encima de mi hombro y sonrió maliciosamente – Aunque… Tal vez no sea así –
- ¿De qué hablas? – Dije volteándome a ver qué era lo que estaba observando.
Me encontré con una mancha blanca justo enfrente, subí la mirada para encontrarme con Daniel, sonriéndome.
- Hola Lizzie – Dijo mucho más animado que cuando nos despedimos esta mañana.
- Hey novato, es Liza – Dijo Mia apuntándole con su tenedor y una mirada casi mortal.
- Veo que ya empezaste a relacionarte – Dijo tomando asiento a mi lado e ignorando la amenaza de Mia - ¿Ya me remplazaste?-
- Yo no… - Empiezo pero Mia me interrumpe antes que pueda continuar.
- Solo para que quede claro, ella no me eligió, yo lo hice, prácticamente la adopte – Me apunto con su tenedor atravesado con un pedazo de lechuga – Deberías agradecerme -
- Bueno eso es conciliador – Dijo Daniel con una sonrisa.
Observe a Mia, y vi que no se veía mayor que nosotros, pero muchas veces la gente era así, simplemente aparentaba menos edad o más de la que de verdad tenían.
- Vale, gracias – Me di cuenta que no los había presentado – Daniel, Mia – Mia continuaba atacando su ensalada sin levantar la mirada – Mia, Daniel – Dije asintiendo hacia donde se encontraba él; Mia se limpió los labios con un movimiento delicado y le ofreció una sonrisa falsa, sus modales eran de una dama, una chica educada, era difícil encontrar una aquí.
- Novato – Asintió un su dirección.
- Nueva madre de Lizzie, digo… Liza – Dijo Daniel guiñándome un ojo.
Tome un sorbo de agua. 
Pude haber reaccionado al gesto de Daniel, sonrojándome, pude haber contestado con algo sarcástico, pude haber rodado los ojos, pero solo había quedado con la expresión en blanco. Mi madre nunca fue mi madre, así que, no sé si en realidad me quiso, pues los huérfanos generalmente son dados a  familias de la elite, como mis padres, así que eso no es concluyente.
Sé que no era una expresión maliciosa, sé que él no debe saber lo que estoy pensando, pero me dolió, sé que no puedo quedarme lamentándome todo este tiempo, pero, un dolor profundo en el pecho, y me oprimía constantemente, en especial ahora.
Respire profundo y me levante de la mesa y plasme con todas mis fuerzas una sonrisa formal en mí rostro, tratando de ignorar el nudo que tenía en el pecho y las lágrimas no derramadas.
- Me tengo que ir – Dije lo más tranquilamente que se me permitía – Nos vemos luego – Me alejé a paso tranquilo hasta la puerta de la cafetería.
Cuando llegué  a la puerta, giré la perilla sin mirar a atrás, y salí corriendo hacia mi habitación, no es tan sencillo, sabía que estaba actuando como una bebe, pero aun así, prefiero seguirlo siendo, al menos para mí misma, porque hasta yo misma estoy harta de mis secretos, pero como cualquiera prefiero mantenerlos ocultos.
Llegué a mi habitación con la respiración agitada, con gotas de sudor en mí frente  y con las lágrimas quemando las comisuras de mis ojos, pero no me rompería ante los ojos de todos, no podría demostrar que soy aún más débil que lo que parezco, así que abrí la puerta de mi habitación y la cierre de un golpe.
El nudo en mi pecho se había hecho más grande y pesado, en el momento que pase el porche, pensé que me tocaría buscar otro lugar donde sollozar como niña, si Dylan se encontraba allí, pero ya no importaba nada, las primeras lágrimas empezaban a resbalar por mis mejillas y la vista se me torno un poco borrosa. 
Me desplomé en el piso y al mismo tiempo que me rompía en mil pedazos junto a la puerta, lagrimas calientes, llenas de ira, desesperación y tristeza se derramaban por mis mejillas con violencia, me recosté contra la puerta y aun sollozando me quede dormida.
Me desperté con unos pequeños golpes en la puerta, me pare de un golpe y me seque los ojos, probablemente era Dylan, pero él tenía una llave, pero tal vez obstaculizaba el paso, y no podía abrirla, me sacudí la falda, me frote las manos por las mejillas y los ojos nuevamente y luego trague para al menos ocultar el nudo en mi garganta y abrí la puerta.
- ¿¡Que!? – Pregunte secamente sin siquiera notar antes a Daniel retorciéndose su cabello castaño.
- Estaba preocupado por ti, te fuiste así como así, y no te vi en una hora – Suspiro, y me miro, sus ojos como de cachorro,  suplicantes. Se sentó en el corredor y yo hice lo mismo.
- Es que… es que yo – dije incomoda, respire profundo para confesarle algo, no mucho, pero hará la diferencia – Esto…. Ha pasado algo esta mañana, algo que no es sencillo de aceptar Daniel, cambia muchas de las cosas que conozco, y… todavía no lo proceso del todo, tal vez no te importe pero necesito paciencia, o simplemente que me ignoren hasta que yo acepte que… - las fuerzas que había tomado hace unos momentos había desaparecido, aquellas palabras no salían de mi boca y se volvía más difícil mantener la respiración normal.
- ¿Hasta qué aceptes que….? - Dijo inquisitivo.
- No estoy segura exactamente que debo aceptar – Era verdad, no sabía si de verdad tenía que aceptarlo, solo dejarlo correr, y hacer como si nada. – O tan solo asimilar que estoy sola –  Esto sonaba tan melodramático que una parte de mi quería rodar los ojos.
- Pero no lo estas – Dijo secamente, evitaba mis ojos y yo no podía evitar  mirarlo fijamente,  fije mi mirada al vacío y sentí que Daniel apretaba suavemente mi mano, le devolví el apretón al cabo de unos segundos y nos quedamos en silencio por unos minutos.
- Novatos – Dijo la voz de Mia por el pasillo mientras nosotros mirábamos al vacío. Solté su mano de reflejo, incluso en este lugar esa conducta puede ser  peligrosa, así que al menos es mejor prevenir que lamentar. Sin contar que era una acción bastante extraña entre nosotros.
- Me voy – Dijo parándose y mirándome por primera vez en todo el rato, sus ojos eran lagunas grises e intensas, casi difícil de devolver, pero eran tan cálidos como una manta caliente en un frio día de invierno – Nos vemos después Lizzie – Se despidió, ignorando que Mia se encontraba recostada contra la pared, lanzándole puñales con los ojos.
Se fue con pasos pausados, por el mismo pasillo por el cual Mia había cruzado hace unos minutos.
- Bueno... - Dijo arrastrando la única palabra – Ya que estamos solas, vamos te muestro los alrededores – Dijo dando un paso adelante-
- Vale – Dije parándome y dirigiéndome al pasillo
- Wow wow wow – Digo deteniéndome con una palma en frente mío – Pero tienes que cambiarte, no puedes salir por ahí luciendo como una florecita – dijo sarcástica.
Rodé los ojos y pasé la tarjeta por el panel.
- ¿Estas segura que entro aquí? - Dije desde el baño  - Reformulo la pregunta ¿Puedo moverme con esto, o esas cosas que hacen ustedes, o al menos fingir hacerlas? -
- Claro, la tela se expande según tus movimientos – Dijo sentada en la cama – Además son muy cómodos –
- Eso dices tú – Dije cerrándome la cazadora.
- Deja de quejarte Greenie – Dijo Mia en un tono malicioso.
Le mande una mirada mortal mientras ataba mis botas.
-  ¿Por qué la cazadora?, No vamos a salir del recinto – dijo recostándose.
Aun me sentía cohibida con esta vestimenta, era muy incómodo salir por ahí con ellas.
- Ehh… solo la necesito – Dije castamente
- Como sea, te llegará un catálogo con muestras de otras prendas para que elijas – dijo mirando al techo.
- Una falda – Vaya, nunca creí poder decir esto.
- Vaya niña que eres – Dijo riendo.
- Bueno, que yo sepa soy una – Y agregué con una sonrisa ruin – A no ser que tú al llegar te convirtieras en otra cosa –
Lanzo una carcajada.
- Sal, antes que te patee el trasero por irrespetar a tu autoridad – Dijo riendo.
- Vale, vale – Dije azotando la puerta.
La seguí a través del pasillo, mientras me señalaba los edificios.


Al volver  a la habitación, encontré al chico recostado boca arriba, mirando al techo, al abrir la puerta, ni siquiera me determinó. Cogí mis cosas y me metí al baño, esperé hasta que confirme que ya se había dormido, salí con pasitos cuidadosos y me acomodé en mi catre. Las sábanas olían a jabón, como en casa; al concebir la idea de casa me llevó a pensar  en lo que estarían haciendo, Papá estaría leyendo el periódico y Mamá planchando ropa, y yo haciendo los deberes, o en su defecto planchando la ropa del chico con el que estaría comprometida. Me revolví en el colchón, incomoda, los extrañaba, aun cuando no les perteneciera, pero ese nunca fue mi hogar.
Cerré mis ojos y aspire un poco el olor que desprendían las sabanas, mientras una lágrima caliente y solitaria se derramaba en mi almohada.














No hay comentarios:

Publicar un comentario