Luz blanca
cegaba y me impedía saber dónde me encontraba y eso me aterrorizaba. Parpadeé varias
veces tratando de enfocar algo, no importaba que, solo una señal; la
incertidumbre de cosas nuevas hacía que
me pusieran los nervios de punta.
Tenía que
calmarte, tenía que demostrarles a estas personas porque te les uniste, me digo
tratando de creerme al menos la mitad de ello.
Suspiré,
cerré los ojos, todavía podía ver algo del resplandor, continúe respirando
profundo durante unos minutos tranquilizando mi pulso, que hace unos segundos
volaba a cien. Di un paso hacia adelante y abrí un poco los ojos, pude ver que
la intensidad de la luz había disminuido, los abrí del todo y contemplé un
vestíbulo con aire ostentoso, totalmente blanco, lleno de sillas acomodadas por filas, en orden
perfecto, tenía un aspecto antiséptico y el silencio presidía, pero en vez
sentirme tranquila, me inquiete aún más.
Crucé el
suntuoso lugar con pasos cuidadosos pero a la vez constantes, decidida a que no
me quedaría allí parada. Me quedaban unos pocos pasos para llegar, cuando sentí
una pequeña sacudida, me agache como reflejo y sentí como el piso temblaba
levemente casi imperceptible, entonces lo que antes eran pasos ahora eran
zancadas, corrí hasta la puerta, no sabía
que sucedía, solo actuaba.
Giré el pomo
de la puerta ignorando aquella vocecilla cobarde que me dictaba retroceder, me
arme de valor y abrí la puerta y me introduje dentro cerrándola detrás de mí,
respirando pesado.
Estaba de
cara a la puerta y lo primero que pude escuchar fueron risitas, no muy
agradables sinceramente.
- ¿A dónde
vas Boggy? ¿Te confundiste de nave? – Dijo Dylan atrás mío.
Puse los
ojos en blanco y busqué a Daniel con la mirada, el lugar era casi igual al
vestíbulo anterior, solo que este se veía menos perturbador con personas
dentro. Lo encontré en la fila seis, hablando con otro chico, sin decir nada me
senté a su derecha, mirando mis manos como si fueran la cosa más interesante en
este lugar, aunque para ser sincera, lo eran. A los pocos segundos dejo de
hablar con el chico y se giró hacia mí.
- Lo hiciste
– Dijo con su resplandeciente sonrisa y sus hermosos ojos grises brillando de
emoción.
Me encogí de
hombros y dije – Lo hice – con una sonrisa tensa en mi rostro.
- Me alegro
que te decidieras Lizzie – Dijo mirándome fijamente a los ojos, me hizo sentir
incomoda, había escapada para buscar mi destino, mas no me sentía feliz, si
bien quisiera, me sentía triste, engañada, desolada y desorientada. Pese a que
podía ser muy lógico, duele, duele porque ya no será lo mismo, y me hace
preguntarme ¿En realidad, quién soy?
Según parece
no soy hija de Collin o Jennifer West, entonces… ¿Quién soy yo?
Era cierto
que nunca me sentí conforme con mi vida, o que al menos encajara a la de ellos,
tal vez papá trataba de hacerlo, pero nunca fue real; Nunca supe la razón, y
puede que esta sea.
Suspire, de
tanto pensar se me estaban cerrando los parpados, y a pesar que mi mente
maquinaba miles de cosas en ese momento lo deje estar y me dormí.
Una ligera
sacudida me despertó y me fijé en mi cabeza, que estaba recostada en el hombro
de Daniel. Podía sentir en calor en mis mejillas sin siquiera que alguien me
observase.
- Lo… lo
siento – dije balbuceando un poco.
El rio
bajito y apoyo su cabeza contra la mía, me quede quieta, confundida de lo que
sucedía, hasta que no aguanté más y volví a quedarme dormida, sinceramente poco
importaba el pasado, ya solo era el futuro. O
al menos trataba de meter eso en mi cabeza.
Desperté
cuando Daniel me aviso que llegamos, ¿A dónde? Sería una gran pregunta. SI tan
solo nos la podrían responder, no tener ventanas me volvía un poco
claustrofóbica pero luchaba contra ese instinto.
Me paré
inestable y caminé hacia lo que parece ser una salida, ya que todos se
desplazaban hacia ella en una fila ordenada, Daniel se encontraba al frente
mío. Escaneé la sala. Me estremecí.
Era la única
chica. Miré a ambos lados y no vi a nadie más. Respire profundo y atravesé la
salida y como el resto era blanco, ostentoso, y antiséptico.
Mientras todos
descendían de lo que parecían ser unas naves, pude ver que desde la segunda,
salía una chica alta y delgada de cabello color chocolate suelto que caía hasta
después de sus hombros, me quedé observándola por unos segundos. Cuando su
mirada se encontró con la mía, sus ojos eran fríos y calculadores, aparte la
mirada rápidamente sacudiéndome un poco tras la sensación de sus gélidos ojos,
que no era para nada agradable.
Unas
personas adelante nos informan que nos separarán en grupos, dos en realidad.
Llaman a los del grupo 1, escuché los
nombres de los chicos, dejándolos pasar, sólo poniendo atención a mi nombre y al
de Daniel. Los chicos pasaban y se reunían con dos hombres con miradas críticas
y soberbias, escaneando las posibles habilidades de sus novatos, y mirando con
despreció aquello de lo cual podría ser un problema. Uno de ellos levanta la
mirada, tiene la piel un poco oscura y sus rasgos son fuertes, estoy segura que
se percata de mis especulaciones, porque se me queda mirado, fijo la vista en
el la nuca de Daniel tratando de ignorar que aquella mirada despectiva con la
que normalmente se mira a un pote de basura se dirigía hacia mí. Caí en cuenta que ya quedaban unos cuantos
vacíos en la fila, la mayoría de los otros chicos se habían marchado mientras
yo analizaba a sus líderes, como una loca paranoica.
- Paul
Haynes – dijo la voz de adelante.
Ya solo
quedaba uno y era prácticamente imposible que….
- Daniel
Medwick - Creo que aprenderé algún día a no tomar nada por sentado.
Buscó mi
mano y me dio un apretón reconfortante antes de alejarse de la fila, me dedicó una mirada y se fue. Seguí con la mirada por
donde pasaba hasta que salieron del
centro de aterrizaje.
Sin él en
este momento me sentía vulnerable, pero no podía serlo, y menos aquí, así que
respire profundo, fije mi mirada al
frente y cuadre los hombros; vine aquí para ser valiente, o al menos parecerlo.
Una chica de
cabello largo y ojos oscuros, caminaba a un costado; su cuerpo delgado
moviéndose con elegancia; mirándonos detenidamente, cuando llego a mi lado
tragué saliva y me erguí aún más, en el momento que creí que ya iba a seguir
adelante dio un paso hacia mí.
- Tu nombre
– Dijo en tono neutro.
Tardé en
procesar su petición unos segundos y dije.
-
Eliza...za…Beth… - balbuceé, mecánicamente iba a decir West, pero me lo guarde,
no era una verdadera West. Suspire y me tragué el dolor y el desconsuelo y
respondí de la manera más tranquila que pude – Elizabeth – Respondí mirándola a
los ojos.
- Es muy
largo – Dijo seria, su tono de voz correspondía a alguien autoritario, pero sus
ojos eran afables y traviesos, algo que reconocí de la mirada de Carrie.
Inclinó su cabeza hacia un lado, su cabellera castaña se movía con ella con
gracia, y pude ver que algunos chicos la miraban con los ojos abiertos como
platos, y la boca tan abierta que podrían tocar el piso, la chica era guapa,
mucho, lo cual me hizo preguntarme qué hacía aquí – Te diré Liza, es y más sencillo de transmitir – Se quedó en
silencio un rato mientras me miraba fijamente a los ojos – Puedo ver algo que
me gusta en tus ojos. Me agradas Liza – Dijo con un guiño.
Quede algo
confundida, pero algo me dijo que debía dejarlo pasar para ver qué sucede. Tal
vez esa nueva yo que estaba formándose.
Volvió al frente y empezó a hablar.
- Buenas
tardes a todos, mi nombre es Mia, seré su tutora y maestra, desarrollare su
primera etapa de las pruebas – suspiró y dio una mirada dura a Dylan que reía
no muy disimuladamente – Y le pateare el
trasero a cualquiera que se pase de listo conmigo, yo que tu tendría cuidado –
Dio un paso hacia él y le agarro el cuello de la camisa – ¿Entendiste Novato?-
Asintió.
Su sonrisa
burlona se había convertido en una línea y sus ojos estaban muy abiertos. Tenía
miedo.
- Bien, ya
que dejamos en claro eso, diré las reglas primordiales, que solo en un caso
extremo repetiré y ese será cuando las incumplan – Dijo caminando de un lado al
otro – Las reglas son las siguientes:
* Para
aquellas nenas inmaduras de refutan por todo va de una buena vez, no es
discutible la distribución de los cuartos.
* Las comidas se sirven a las 8:30, 1:40 y 7: 15, un minuto tarde y
les tocará esperar hasta la próxima.
*Las luces
se apagan a las 9:00, cualquier novato que este rondando después de esa hora
será sancionado.
*La regla es
para todos ustedes, desde ahora o visten de blanco o se van.
* Cualquier
insurgencia será sancionada gravemente.
- Listo todo
anotado, nos vamos a sus habitaciones –
Salimos
detrás de ella como si fuera un Kindergarden, todos en silencio con miedo a
decir algo incorrecto. Nos guio a través de un túnel que conecta al centro de
aterrizaje con lo que parece ser la ciudad. Widland.
Atravesamos varias puertas automáticas y varios edificios
que parecían de cristal pero no se veía nada en su interior, hasta unas puertas
dobles donde bajamos unas escaleras que
conducían a lo que parecía el centro de iniciados.
Después de
pasar por varios pasillos paramos en uno donde habían varias puertas.
- Bien, los
pondré en parejas, cuando los llame acérquense y les entregare su tarjeta
electrónica que además de abrir la puerta la necesitaran entrar a cualquier
sitio – Saco una lista y empezó a llamar y señalar la respectiva puerta- Bien son
los siguientes:
- Peter y
Nathan – Ambos chicos dan un paso hacia adelante y recibieron su tarjeta e
ingresaron a su cuarto.
- Alan y Max
–
- Cade y
Luke –
- Darrell y
Julian – Poco a poco los chicos iban desapareciendo en sus habitaciones
- Jordan y Owen
–Parecía que la otra chica había quedado conmigo y solo quedaban unas pocas
posibilidades de quedar con ella.
- Katherine
y Taylor – Tome una respiración. No
podía ser tan malo quedar con un chico, no puede ser…
- Dylan y Liza – Solté el aire y sentí como la
sangre abandonaba mi rostro y como mi expresión se volvía aturdida.
Enserio debo
aprender a tomar nada por sentado.
Todos
entraron menos yo, no era capaz de mover un solo músculo pues sentía mis
miembros tan pesados que me toco apoyarme contra la pared para mantener mi
peso. En el pasillo solo estábamos Mia y
yo.
Ella sonrió
compasiva.
- Es
inofensivo – Dijo encogiéndose de hombros – Y si te pasa algo, simplemente lo
reportas, aunque creo que podrías resolverlo tu sola… después de unas cuantas
sesiones – Me dio un visto bueno y algo se expandió en mi interior, suficiencia
tal vez, a pesar de eso me sentía completamente desconcertada.
- ¿Pero…
pero… y ella? – Dije
- Ella…-
dijo quedándose en silencio por unos segundos – Ella es peligrosa, no es buena
idea – Dijo con expresión seria.
- Lo tienes
todo calculado ¿Eh? – Dije con una sonrisita, tratando de bajar la tensión.
- Puede –
Dijo encogiéndose de hombros pero sonriendo. La chica además de guapa era
agradable, podríamos ser amigas… o lo que sea que hagan las chicas en este
lugar.
Asentí.
- Puede que
me agrades – Me sorprendí diciéndolo en voz alta.
Ella sonrió
y dijo
- Me alegro
que así sea – Se quedó en silencio unos segundos y luego hablo – Ven te muestro
los alrededores –
- ¿Y qué hay
de ellos? – Pregunte señalando las puertas cerradas, probablemente los chicos
estaban conociéndose o algo así.
- Pronto
vendrá alguien que los lleve – dijo dando media vuelta y caminando – Mientras
tanto deléitate con mi compañía que no muchos gozan – dijo dándome un guiño – Y
que tú particularmente necesitas –
- ¿Así de
solitaria y necesitada me veo para acudir a ti? – Dije fingiendo estar
ofendida.
- De aquí a
kilómetros niña – Dijo riendo – Venga no te quedes atrás, iremos por tu ropa.
Reí y camine
a su lado.
Mia me guio
por varios pasillos, todos tan iguales que conté cada uno para al menos
guiarme, ya iban cinco intercepciones cuando pude divisar un parque, no era muy
grande, pero era hermoso, o al menos así me parecía, el tan solo ver el sol me
subía los ánimos, y la esperanza, lo sé es raro, pero viendo que el sol brilla
cada día, siento que todo será mejor, una rara reflexión pero…. Pero lo creo
así.
En el
almacén, que se ubicaba a unas cuantas cuadras, me medí muchos pantalones según
lo que decían que podría usar, pero me quedaban enormemente horribles. En el
momento que contemplé el último par, me di por vencida y le pedí ayuda a Mia.
- Me podrías
pasar unos que tu usarías – Le roge desde probador.
- ¿Ya era hora no crees? – Dijo arrogante.
Me tiró unos
pantalones por encima y los atrapé con una sola mano.
Los enderecé
y los analicé, y me decidí a probármelos, pero era un poco más complicado
entrar en ellos.
- ¿Oye esto
no es muy apretado? – Dije mirando la puerta.
- Ehh – Dijo
indiferente – ¿es blanco? –
- Pues sí,
es blanco pero… - Ella me interrumpió
antes de poder continuar hablando
- Entonces,
se puede – Dijo lacónicamente.
- ¿Entonces
porque no me pasaste uno de ellos antes? – Pregunte acusatoriamente.
- Porque no
me habías pedido mi opinión- dijo y tras una breve pausa volvió a hablar –
Además era gracioso verte vestir pantalones de hombres – Dijo con una pequeña
risita al final.
¡¿Qué?! – Grité saliendo del probador- Como
que eran de hombre y tú no dijiste nada
– dije con mis mejillas encendidas.
- Te veías
bastante cómoda con ellos – Dijo displicente, tomando un mordisco de la manzana
que tenía en su mano.
- ¿Acaso
estás loca?, ¿qué si alguien me vio? – Dije mirando a ambos lados.
- Eres más
neurótica de lo que supuse – Dijo riéndose – Me agradas aún más –
- Apenas te
conozco y te acabas de convertir de las pocas personas que me irritan – dije en
un tono alto.
- Cálmate,
solo era una broma, nadie te vio – su expresión se tornó seria – Esos te quedan
bien.
Me mire al
espejo, se sentían extraños, pero no mal.
- ¿Tú crees?
– dije insegura, no era linda, era apenas lo suficiente para ser normal.
- Si, misión
cumplida - dijo enderezándose de su posición – Ahora vámonos -
Llegue a mi
habitación con tres pares de pantalones, unas chaquetas, y varias camisetas
ajustadas, gracias a Mia. No había nadie adentro. Menos mal.
La
habitación medía unos cinco metros con
una ventana en ambos lados de la habitación una a la izquierda y otra a la
derecha justo al lado de las camas. La cama de la derecha estaba mullida y algo
desordenada así que supuse que la otra me pertenecía. Deposite las nuevas
prendas en esta.
Me senté en
el colchón y suspire, me mire las piernas y me decidí a cambiarme esos
pantalones.
Un minuto después tocaron la puerta y abrí y
pude ver que era Mia.
- ¿Qué haces
con ese vestido? - Dijo poniéndose las
manos en las caderas
- Ehh … Yo… - Dije sin saber que decir
- Bueno no
importa – dijo tomándome de la mano- Vamos se va a hacer tarde para el
almuerzo, luego te cambiaras, no puedes estar así de por vida –
Me arrastró
por los pasillos hasta que llegamos a unas puertas dobles donde según decía se
encontraba la cafetería. Era un lugar lleno de chicos, probablemente todos
iniciados, y tal vez unos cuantos instructores como Mia.
Era muy
parecido como en las escuela, chicos por todos lados, grupos separados por
varias mesas y gente observándolos como si fueran a hacer estallar algo, era
casi igual, de no ser porque solo habían chicos y el lugar no tenía las paredes
grises sino completamente blancas, además del novedoso sistema repartidor de
alimentos.
Me hice en la fila esperando que unos diez u
ocho chicos avanzaran antes de mí, mientras le echaba un vistazo a los alimentos, esa sería otra
diferencia, estos se veían deliciosos, pocas veces era capaz de comer más de
una manzana o un cartón de leche en la escuela, en este momento con tan solo
verlos me rugió el estómago.
Pase mi
tarjeta identificadora y cruce el
pasillo esperando a Mia, que siguió adelanta hacia una de las mesas libres
donde se sentó justo al frente mío.
Di una vista
periférica, todos vestían de blanco, cada uno con prendas diferentes pero el
mismo color neutro. Cuando mire más allá encuentro a Daniel riendo con un grupo
de chicos, no era difícil encontrarlo, él siempre atraía a grandes grupos. Poco
después su mirada se cruzó con la mía y me saludó con la mano, yo le
devolví el saludo con una sonrisa.
- ¿Lo
conoces? ¿Es tu amigo? – Dijo Mia mientras yo despegaba mi mirada de Daniel.
- Ehh… Yo…-
Dije tomando un trago de agua, de repente mi garganta se sentía muy seca. No
podía volver a delatarme.
- No te
preocupes, si estamos aquí ya no te debe
importar eso – Dijo en tono despreocupado –
¿Entonces?-
- Eso
supongo – dije encogiéndome de hombros.
- Si estás
aquí es porque no te molesta estar sola – Miro por encima de mi hombro y sonrió
maliciosamente – Aunque… Tal vez no sea así –
- ¿De qué
hablas? – Dije volteándome a ver qué era lo que estaba observando.
Me encontré
con una mancha blanca justo enfrente, subí la mirada para encontrarme con
Daniel, sonriéndome.
- Hola
Lizzie – Dijo mucho más animado que cuando nos despedimos esta mañana.
- Hey
novato, es Liza – Dijo Mia apuntándole con su tenedor y una mirada casi mortal.
- Veo que ya
empezaste a relacionarte – Dijo tomando asiento a mi lado e ignorando la
amenaza de Mia - ¿Ya me remplazaste?-
- Yo no… -
Empiezo pero Mia me interrumpe antes que pueda continuar.
- Solo para
que quede claro, ella no me eligió, yo lo hice, prácticamente la adopte – Me
apunto con su tenedor atravesado con un pedazo de lechuga – Deberías
agradecerme -
- Bueno eso
es conciliador – Dijo Daniel con una sonrisa.
Observe a
Mia, y vi que no se veía mayor que nosotros, pero muchas veces la gente era
así, simplemente aparentaba menos edad o más de la que de verdad tenían.
- Vale,
gracias – Me di cuenta que no los había presentado – Daniel, Mia – Mia
continuaba atacando su ensalada sin levantar la mirada – Mia, Daniel – Dije
asintiendo hacia donde se encontraba él; Mia se limpió los labios con un
movimiento delicado y le ofreció una sonrisa falsa, sus modales eran de una
dama, una chica educada, era difícil encontrar una aquí.
- Novato –
Asintió un su dirección.
- Nueva
madre de Lizzie, digo… Liza – Dijo Daniel guiñándome un ojo.
Tome un
sorbo de agua.
Pude haber
reaccionado al gesto de Daniel, sonrojándome, pude haber contestado con algo
sarcástico, pude haber rodado los ojos, pero solo había quedado con la
expresión en blanco. Mi madre nunca fue mi madre, así que, no sé si en realidad
me quiso, pues los huérfanos generalmente son dados a familias de la elite, como mis padres, así
que eso no es concluyente.
Sé que no
era una expresión maliciosa, sé que él no debe saber lo que estoy pensando,
pero me dolió, sé que no puedo quedarme lamentándome todo este tiempo, pero, un
dolor profundo en el pecho, y me oprimía constantemente, en especial ahora.
Respire
profundo y me levante de la mesa y plasme con todas mis fuerzas una sonrisa
formal en mí rostro, tratando de ignorar el nudo que tenía en el pecho y las
lágrimas no derramadas.
- Me tengo
que ir – Dije lo más tranquilamente que se me permitía – Nos vemos luego – Me
alejé a paso tranquilo hasta la puerta de la cafetería.
Cuando
llegué a la puerta, giré la perilla sin
mirar a atrás, y salí corriendo hacia mi habitación, no es tan sencillo, sabía
que estaba actuando como una bebe, pero aun así, prefiero seguirlo siendo, al
menos para mí misma, porque hasta yo misma estoy harta de mis secretos, pero
como cualquiera prefiero mantenerlos ocultos.
Llegué a mi
habitación con la respiración agitada, con gotas de sudor en mí frente y con las lágrimas quemando las comisuras de
mis ojos, pero no me rompería ante los ojos de todos, no podría demostrar que
soy aún más débil que lo que parezco, así que abrí la puerta de mi habitación y
la cierre de un golpe.
El nudo en
mi pecho se había hecho más grande y pesado, en el momento que pase el porche,
pensé que me tocaría buscar otro lugar donde sollozar como niña, si Dylan se
encontraba allí, pero ya no importaba nada, las primeras lágrimas empezaban a
resbalar por mis mejillas y la vista se me torno un poco borrosa.
Me desplomé
en el piso y al mismo tiempo que me rompía en mil pedazos junto a la puerta,
lagrimas calientes, llenas de ira, desesperación y tristeza se derramaban por
mis mejillas con violencia, me recosté contra la puerta y aun sollozando me
quede dormida.
Me desperté
con unos pequeños golpes en la puerta, me pare de un golpe y me seque los ojos,
probablemente era Dylan, pero él tenía una llave, pero tal vez obstaculizaba el
paso, y no podía abrirla, me sacudí la falda, me frote las manos por las
mejillas y los ojos nuevamente y luego trague para al menos ocultar el nudo en
mi garganta y abrí la puerta.
- ¿¡Que!? –
Pregunte secamente sin siquiera notar antes a Daniel retorciéndose su cabello
castaño.
- Estaba
preocupado por ti, te fuiste así como así, y no te vi en una hora – Suspiro, y
me miro, sus ojos como de cachorro,
suplicantes. Se sentó en el corredor y yo hice lo mismo.
- Es que… es
que yo – dije incomoda, respire profundo para confesarle algo, no mucho, pero
hará la diferencia – Esto…. Ha pasado algo esta mañana, algo que no es sencillo
de aceptar Daniel, cambia muchas de las cosas que conozco, y… todavía no lo
proceso del todo, tal vez no te importe pero necesito paciencia, o simplemente
que me ignoren hasta que yo acepte que… - las fuerzas que había tomado hace
unos momentos había desaparecido, aquellas palabras no salían de mi boca y se
volvía más difícil mantener la respiración normal.
- ¿Hasta qué
aceptes que….? - Dijo inquisitivo.
- No estoy
segura exactamente que debo aceptar – Era verdad, no sabía si de verdad tenía
que aceptarlo, solo dejarlo correr, y hacer como si nada. – O tan solo asimilar
que estoy sola – Esto sonaba tan
melodramático que una parte de mi quería rodar los ojos.
- Pero no lo
estas – Dijo secamente, evitaba mis ojos y yo no podía evitar mirarlo fijamente, fije mi mirada al vacío y sentí que Daniel
apretaba suavemente mi mano, le devolví el apretón al cabo de unos segundos y
nos quedamos en silencio por unos minutos.
- Novatos –
Dijo la voz de Mia por el pasillo mientras nosotros mirábamos al vacío. Solté
su mano de reflejo, incluso en este lugar esa conducta puede ser peligrosa, así que al menos es mejor prevenir
que lamentar. Sin contar que era una acción bastante extraña entre nosotros.
- Me voy –
Dijo parándose y mirándome por primera vez en todo el rato, sus ojos eran
lagunas grises e intensas, casi difícil de devolver, pero eran tan cálidos como
una manta caliente en un frio día de invierno – Nos vemos después Lizzie – Se
despidió, ignorando que Mia se encontraba recostada contra la pared, lanzándole
puñales con los ojos.
Se fue con
pasos pausados, por el mismo pasillo por el cual Mia había cruzado hace unos
minutos.
- Bueno... -
Dijo arrastrando la única palabra – Ya que estamos solas, vamos te muestro los
alrededores – Dijo dando un paso adelante-
- Vale –
Dije parándome y dirigiéndome al pasillo
- Wow wow
wow – Digo deteniéndome con una palma en frente mío – Pero tienes que cambiarte,
no puedes salir por ahí luciendo como una florecita – dijo sarcástica.
Rodé los
ojos y pasé la tarjeta por el panel.
- ¿Estas
segura que entro aquí? - Dije desde el baño
- Reformulo la pregunta ¿Puedo moverme con esto, o esas cosas que hacen
ustedes, o al menos fingir hacerlas? -
- Claro, la tela se expande según tus movimientos –
Dijo sentada en la cama – Además son muy cómodos –
- Eso dices tú – Dije cerrándome la cazadora.
- Deja de quejarte Greenie – Dijo Mia en un tono
malicioso.
Le mande una mirada mortal mientras ataba mis botas.
- ¿Por qué la
cazadora?, No vamos a salir del recinto – dijo recostándose.
Aun me sentía cohibida con esta vestimenta, era muy
incómodo salir por ahí con ellas.
- Ehh… solo la necesito – Dije castamente
- Como sea, te llegará un catálogo con muestras de
otras prendas para que elijas – dijo mirando al techo.
- Una falda – Vaya, nunca creí poder decir esto.
- Vaya niña que eres – Dijo riendo.
- Bueno, que yo sepa soy una – Y agregué con una
sonrisa ruin – A no ser que tú al llegar te convirtieras en otra cosa –
Lanzo una carcajada.
- Sal, antes que te patee el trasero por irrespetar a
tu autoridad – Dijo riendo.
- Vale, vale – Dije azotando la puerta.
La seguí a través del pasillo, mientras me señalaba los
edificios.
Al volver a la
habitación, encontré al chico recostado boca arriba, mirando al techo, al abrir
la puerta, ni siquiera me determinó. Cogí mis cosas y me metí al baño, esperé
hasta que confirme que ya se había dormido, salí con pasitos cuidadosos y me
acomodé en mi catre. Las sábanas olían a jabón, como en casa; al concebir la
idea de casa me llevó a pensar en lo que
estarían haciendo, Papá estaría leyendo el periódico y Mamá planchando ropa, y
yo haciendo los deberes, o en su defecto planchando la ropa del chico con el
que estaría comprometida. Me revolví en el colchón, incomoda, los extrañaba,
aun cuando no les perteneciera, pero ese nunca fue mi hogar.
Cerré mis ojos y aspire un poco el olor que desprendían
las sabanas, mientras una lágrima caliente y solitaria se derramaba en mi
almohada.
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