Suelo recordar frecuentemente un documental
que había visto con mi padre hace muchos años. Trataba sobre las acciones involuntarias que
realiza el cuerpo humano; ya sabes, esas como
respirar o parpadear. Sin embargo he notado que existe un hecho curioso
que siempre ocurre cada vez que eres
consciente de ello; al parecer nuestro organismo olvida hacerlo por sí solo, dejándote
a la deriva, como si dijera “Estás por tu cuenta amigo”, y entonces te toca
tomar el control manual. Donde empiezas a actuar como… como si estuvieras
ahogándote en una piscina, si tuvieras un tic nervioso o un espíritu maligno.
Cosa que no creo que poseamos; y si lo tienes, por favor no te lo tomes
personal, no tengo ningún problema con las personas con tics, ni mucho menos con
espíritus malignos, son geniales una vez los conoces.
Volviendo al tema; estoy segura
que muchos ya sabían ese hecho, y tal vez me consideran una
estúpida/quejosa/hijadelmontón por señalar lo obvio, pero lo que he venido a
exponer, es algo aún más genial de lo que acabo de explicar. En verdad lo que
quiero es presumir que he creado una nueva hipótesis; sí, soy así de genial e
inteligente para crear una hipótesis (así
que borra esa expresión de aburrimiento y presta atención).
Me he planteado que, si respirar es una de las
labores instintivas, supongo que pensar también lo es; quiero decir, siempre lo
hacemos: pensamos en la ducha, en el baño, mientras comemos, mientras tratamos
de dormir, leyendo un libro, haciendo los deberes, durante clases (mientras dormitas quiero aclarar, no cuando
estás como zombie mirando a tu profesor de Economía divagar sobre el
capitalismo); es decir, no es como si paremos de hacerlo en algún momento ( y si lo haces, no sé cómo has llegado
hasta este punto).
De cualquier modo siempre
pensamos, así sea inconsciente, no
importa. Pero ten por seguro que te entregan una prueba (en este caso de biología), en resumidas cuentas, tu cerebro te
dice “Buena suerte la próxima” y apaga el modo automático. Y es entonces cuando
tú, mi amigo, estás en problemas.
En estos casos me pongo a pensar que tal vez no sirva para ser un ciudadano promedio
ya sabes, esos que tienen una carrera, se casan con un contador, tienen dos
hijos y una casa en los suburbios, a la que terminan hipotecando. Olvida la
carrera a la que invirtió tantos años de su vida, y en vez de ello, se dedica a
cuidar a los mellizos y tener comida caliente para su esposo; que en realidad,
después de 7 años de matrimonio está tirándose a su secretaria, veinte años
menor, en el escritorio, donde tiene la foto de su familia.
Ehem… Bueeeno… en dichos casos me planteo escapar, y sí lo sé no es
muy original, pero es la única solución que a veces puedo encontrar. Y te
aseguro no ha sido sólo una idea, creo que lo he planeado a fondo, sin embargo
hay cosas que hay que pulir. Parte del plan es siempre dejar un dólar con
cincuenta centavos, que según mi mapa del autobús, alcanza para un viaje el
sector 6 que es el barrio marginal. Estando allí, me acercaría al circo local,
que allá se asienta, esperando a que me acojan.
Sin embargo, hasta ahí llega mi
propósito. Porque en verdad no poseo ningún talento especial, soy la persona más carente de equilibrio que
todo Illinois ha conocido, creo que hasta la entrenadora Miller a veces se
apiada de mí y me deja pasar. Sabiendo esto podría tachar (con doble x) el trabajo para la mujer elástica, seguido de
malabarista, cualquier cosa que tuviese que ver con alturas o animales
salvajes; de ser así me quedaría la
mujer barbuda, y eso es imposible, ya que mi barbilla carece de vello facial y
las pelucas me dan alergia. Lo sé porque una vez me puse un juego de barba y
bigote falso para un disfraz de rabino en el Halloween de hace dos años, al
quitármela mi piel, extremadamente
pálida, se llenó de manchas rojas (extremadamente
rojas) y empezó a picar como un
demonio.
Basta decir que las rochas se
quedaron una semana, y todas las personas en la escuela que miraba se me
quedaban viendo como si tal vez fuese una enfermedad contagiosa.
Fruncí el ceño.
Hasta para ser fenómeno apestaba.
Pero…espera también existía otra alternativa.
Podía presentarme como “La mujer enana más grande del mundo”, o incluso “la gigante más pequeña del mundo”.
Reí entre dientes. Ambas serían útiles y en realidad no sería mentira (porque no me gusta mentir), ya que mi
altura es… promedio, ni muy baja, ni muy alta. Simplemente promedio, eso sin
contar que no tengo familia con esas… cualidades.
El maestro me echó una mirada de
advertencia y volvió a al crucigrama que garabateaba sin descanso. Fruncía sus
sobrepobladas cejas y tocaba su enorme nariz sin cesar.
Miré de nuevo mi examen, había
respondido siete y me faltaban tres. No entiendo por qué me molestaba tanto, estaba segura que el señor
Morrison no iba a gastar su valioso tiempo en redactar un examen. Podría
apostar mis Beats edición limitada que sacaba cada pregunta de un sitio web para
profesores perezosos y fracasados. Nunca había visto una clase productiva con
ese hombre, y no creo que en un futuro cercano vaya a suceder.
La pregunta seis decía:
La dieta nutricional de un mamífero, se
compone basicamente de carbohidratos, lípidos, protehínas, vitaminas y
minerales. Si por un problema de salud, la vesicula biliar es extraída, se debe
restringir el consumo de
a) Carne de pescado.
b) Arros blanco.
c) mantequilla.
d) Frutas.
Cómo rayos iba a saber eso, si no hizo nada más que alardear de su alucinante híbrido y quejarse de por qué los demás no tenían uno. Juro que hasta había errores ortográficos en
el enunciado; estuve tentada a reclamarle, alegando que éstos impedían la
comprensión de la pregunta. Sopese esa opción por unos segundos.
Negué con la cabeza
casi imperceptiblemente.
No lo aceptaría, era demasiado orgulloso; además le estaría
dando el crédito por algo que no hizo él mismo (algo que incluso hecho por otras personas estaba mal redactado).
Ni siquiera se tomó la molestia de corregir. Vaya bueno para nada.
Me volveré una pordiosera por este holgazán. ¿Tiene algo en
realidad sentido en esta vida?
Yo debería estar en esa silla mirando por encima de mi
hombro a ese sujeto, que en un orden natural de las cosas, estaría sudando como
cerdo (porque mis miradas son muy
intensas), y no entendería nada porque todo estaría bien escrito. Lo sé soy
muy mala.
Aprecié las casillas que había marcado:
Tres Des, dos Bes, una A y una C.
Alterné las tres preguntas entre Ces y Aes en un orden
totalmente aleatorio.
Suspiré pesadamente. Estaba frustrada
Miré al techo, que había sido atacado por una pila de papel
higiénico. Murmuré una súplica y pedí al cielo que al menos una de ellas fuera
correcta.
Me paré y dejé el
examen junto al periódico del maestro. Reí internamente mientras le echaba un
vistazo al crucigrama; el señor Morrison
no había hecho más que dos líneas, todo el tiempo estuvo escribiendo en las
márgenes su nombre con distintas fuentes.
Él me miró intensamente retándome a delatarlo ante toda la
clase. Le di una sonrisa dulce y le dije.
- La quinta horizontal es Charles Dickens
El hombre me miró medio impresionado, medio molesto, antes
que girara y recogiera mis cosas para poder salir del aula. Por el rabillo del
ojo pude ver mientras rayaba furiosamente en la fila cinco.
Me despedí y con una sonrisa, me fui a la cafetería, en
busca de un suplente de desayuno, porque no tuve tiempo de tomarlo esta mañana.
Eso totalmente alegró mi mañana.
En el camino, llegué a un pasillo conocido, y viendo mi
casillero a unos cuantos pasos, no dudé en acercarme y descargar mis libros y
tomar los de la siguiente asignatura. Mientras giraba el candado poniendo su
combinación, alguien tocó mi espalda un par de veces con delicadeza. Me giré y
me encontré con el sonriente rostro de Ashton Murphy, quien era el capitán del
equipo de fútbol; que puedes traducir como el chico más popular de la escuela,
incluso cuando se decía que “eso” no existía, todos sabían quién era él. Los
chicos querían ser como él, y las chicas rogaban ser sorprendidas con su deslumbrante sonrisa. Sin embargo, yo
era inmune a la popularidad, encantos… y chicos rubios.
- ¡Willa! No te había visto en toda la semana, creí que te
había perdido por ahí – Se acercó y me dio medio abrazo. Me removí incómoda.
No es que Ashton no fuera atractivo, todo lo contrario. Tenía
un genial bronceado natural que hacía juego con sus músculos, cabello rubio
arena y ojos color avellana. Quiero decir, era muy guapo, pero no era mi tipo y
me refiero a esos chicos que siempre llevan la chaqueta del equipo ¿Qué con eso?
Shane me había mencionado que había tratado varias veces
invitarme a salir, pero yo había desviado la conversación o huido, antes de que
eso sucediera. Muchas veces me he quejado de hablar demasiado, pero en esos
momentos agradezco mi gran bocota.
Le di una sonrisa igual de incómoda y le respondí.
- Estuve en la biblioteca estudiando, la última vez que
estudie en el comedor, ustedes, chicos usaron mis libros de platos, y nunca
pude saber si era un cero o un seis – dije tratando de parecer graciosa, pero
no era así. Hasta yo lo sabía.
Él rio recordando el “buen” momento, antes de tocar
suavemente mi hombro, rozando los mechones de cabello cobrizo que allí se
encontraban. Tal parece, que él no lo
notaba.
- Bueno chica, nos vemos luego – Me dio de esas sonrisas
que seguro hacían derretir a todas las de primer grado… pero desgraciadamente…
para él, no sucumbía a sus intentos de ligar.- No te pierdas, te quiero cerca –
guiñó un ojo sugestivamente.
Me tragué la bilis que subía por mi garganta, mientras trataba
de articular palabra.
Sé que muchas personas buscarían excusas o negarían todo. Que, dirían que son
impresiones suyas y que sólo está siendo amistoso. Pero yo no era capaz, era
como alargar la sentencia. No era por ser él. No era porque yo fuera una perra
prejuiciosa. Simplemente no era capaz de mentir, no era capaz de darle
evasivas.
Respiré profundo y lo miré. Mis mejillas se tiñeron de rojo
al ver que sus ojos estaban fijos en mí.
Decidí acabarlo de una sola vez.
- Sabes Ashton… aprecio tu atención, enserio lo hago, pero no
puede seguir así. Sé que sonare como una perra presumida, pero en realidad… no
me gustas, y aunque fuera así, no creo que quiera tener una relación en este
momento – Ni nunca.- Espero que sigamos
siendo amigos y lo entiendas y… que encuentres a alguien mejor y…. mejor me voy.
Después de terminar mi breve discurso, corrí al baño más
cercano y me oculté ahí, esperando un tiempo prudente a que él saliera del
pasillo.
Una carga se alojaba en mi garganta, pero pudo haber ocupado
más espacio allí si lo hubiese dejado ser. Lo superará, al final del día, encontrará a
una porrista que quiera ser el sabor de la semana.
Miré con precaución el corredor y cuando no vi moros en la
costa salí de mi escondite. Sin embargo, antes de poder advertirlo, sentí una
carga excesivamente pesada arrastrándome al suelo; era como si una furiosa
tortuga ninja se hubiese colgado de mi espalda y estuviera dando saltos
mortales.
- ¡WILLLL! – Gritó emocionada Shannon a espalda mientras se
sacudía salvajemente.
Miré con terror al piso.
- ¡Bájate ya, que
voy a caer, Shane! – Le gruñí con furia. - ¡Y si yo lo hago, caerás conmigo! - Lloré, sentí como si esas hubiesen sido mis
últimas palabras.
Shannon se revolvió
un poco más en mi espalda, riendo psicóticamente, después bajó de ella y me dio
la cara.
- William – Dijo con expresión seria.
La miré de la misma manera.
- Shane
Nos miramos por lo que pudo haber sido un minuto entero,
antes de comenzar a reír.
Reímos de la vieja broma de los nombres, lo habíamos hecho
desde la vez que le había pedido a un
chico que le había parecido atractivo en el centro comercial, que saliera con
su amiga “Will”. El chico la miró
pasmado, y le respondió que no jugaba para el otro equipo con una sonrisita
incómoda; pero que si ella, o su amiga de al lado (yo/Will) estaba interesada, no dudara en llamar. No
pudimos aguantar la risa, antes que el pobre chico se fuera. En nuestra defensa
el chico huyó antes de poder explicar nada.
Ese día yo había quedado como William, y como yo no podía
quedarme atrás y dejar a Shannon salirse con la suya, así que le empecé a
llamar Shane.
Ella sonreía como el gato Cheshire, mientras me codeaba
amistosamente.
- Vi quien te estaba hablando – dijo sugerentemente,
enrollando uno de sus tirabuzones rubios en uno de sus dedos perfectamente
arreglados.
Le sonreí, pedante.
- ¿Ah sí? – Ella asintió frenéticamente. - ¡Yo también! –
Su expresión cambió de emocionada a una de “enserio” en cuestión de segundos.–
Y le dije que no estaba interesada, así que tú también bájate del poni chico.
- Deberías dejar de ser una zorra estirada por al menos un
día. – Suspiró fuertemente mientras arreglaba sus risos – El chico no se
merecía eso.
Solté una risa falsa.
- Cierto, Ashton merecía que lo cortara cuando estuviera de
rodillas con una cajita de Tiffany y una sonrisa esperanzadora; porque no fui
una… ¿cómo lo dijiste?- Chasqueé los dedos.- Una zorra estirada desde el principio y no lo corté cuando aún
había tiempo.
Me miró pasmada.
- Alguien está con SPM – Cantó en voz baja.
La miré fijamente.
- Sabes que es verdad – dije mientras me acercaba al
casillero y sacaba mis libros.
Me miró por un rato antes de decir.
- ¿Enserio crees que te hubiese pedido matrimonio? Yo creo
que te hubiera dejado dos meses después.
Le respondí la mirada y le di una pequeña sonrisa.
La codeé, mientras cerraba la pequeña puerta y me ponía a
su lado.
- Te apuesto, que al final de la semana, ya estaría con
otra.
Shannon Pierce era, aunque algunas veces no pareciera, mi
mejor amiga. Era una chica de grandes risos rubios, bronceado natural, hermosos
ojos azules y un cuerpo por el que todos los chicos de la escuela matarían, y
las chicas envidiaran. Tenía el tamaño perfecto, si sabes a lo que me refiero,
y eso sin dejar de hablar de sus
piernas, que eran kilométricas y
torneadas gracias al voleibol que practicaba cada tarde; ya que a diferencia de
mí persona, tenía habilidades. Pero muy contrario a la creencia popular de las
rubias hermosas y populares, Shannon era un…. Un gatito nerd. Adora y es
adorada por todo el mundo. Es divertida, inteligente y no es para nada
pretensiosa. Excepto conmigo.
Shannon podría hablarle y sonreírle a cualquier persona que
se le atravesara. Y a pesar que era mi mejor amiga, a veces era la de todo el mundo. Shannon era de
esas personas que tenían esa capacidad de agradar y de agradarle todo el mundo.
Sinceramente, no entiendo como siquiera
puede hacerlo, yo tengo mi cantidad
suficiente de mundo antes de las 12:00 pm. Sin embargo ella saludaba y sonreía
a todo quien pasara. Literalmente.
Ella no tenía restricciones en cuanto a amabilidad, ella
podía hablar con los chicos del club de ajedrez como con los del equipo de
fútbol. Ella no era consciente de las
líneas sociales, y no me malinterpretes, no estoy en desacuerdo con ello, sólo
que me pregunto si no se cansará alguna vez.
Porque yo lo hacía tan sólo estando tras ella.
Recuerdo al conocerla que no podía soportarla. Tanta
amabilidad y dulzura no podían caber en un solo cuerpo, debía tener un oscuro
secreto que corrompiera toda esa fachada de afecto. Cuando la conocí tenía doce
años. Sí, sé lo que estás pensando. Era una pequeña mierda entonces. Pero me di
cuenta, que al parecer, la gente de Montana es así; sin necesidad de
“estimulantes”, si me hago entender.
En esos días yo era la niña genio de la clase, y Shannon,
que llegaba unos meses tarde, la habían asignado a la silla continua a la mía,
para que la pudiese ayudar. Sin embargo no lo hice, repito, era una pequeña
idiota envidiosa de doce años. Pero un día se nos asignó un grupo de trabajo y
antes que lo supiera ya había apartado a Shannon como mejor amiga; porque, al
parecer, no era tan tonta como se veía.
Sonreí ante el recuerdo y me dirigí junto a ella a la
cafetería. Y con ello me refiero que caminé a la cafetería mientras ella
hablaba con todos y yo saludaba, ciertas veces.
Al llegar a la cafetería me acerqué a la caja y pagué un
jugo de naranja y una barra de granola, que era lo único aceptable que pude ver
en todo el lugar. Shane tomó una caja de leche achocolatada y se sentó a mi
lado en una mesa cerca de la salida.
Shannon comenzó a
hablar de la reunión de los delegados que tuvo esta mañana; sí, ella era
la presidenta de la clase y era de esa clase de humildes personas que no se
inscriben, sino que la gente aclama por su candidatura. Admiro mucho a mi mejor
amiga, pero nunca llegaría a ser como ella; ella lo sabía. Pero siendo el ser
humano genial que es, soporta mi caprichosa personalidad y a mí.
En fin, comentaba sobre un chico nuevo que venía a mitad de
año, y como ella tendría que guiarlo por toda la escuela. Decía que era
extranjero, pero el director no había mencionado de dónde, para mantener el “suspense”.
Dio un suspiro exagerado, mientras ensartaba el pitillo en
la caja.
- Will, puedo ver
nuestro futuro.
- ¿Cuál? ¿El tuyo y el mío?
Frunció el ceño y tomó un sorbo.
- No tonta – Me golpeó ligeramente en el brazo. - Nuestro futuro. El del chico nuevo y el mío.
La miré, incrédula. Enserio podía ver las estrellitas en sus ojos. Era
nauseabundo.
- Estás bromeando conmigo, ¿verdad, Shane?
- ¿Por qué estaría bromeando?- Me dio una mirada sucia.- Sé
que será perfecto. Cuando nos veamos por primera vez, nuestras miradas se
trabarán en la del otro y sentiría chispas y mariposas en el estómago. Te lo
digo Will, él será el indicado.
De un momento a otro, comenzó a divagar sobre que aquel
muchacho; al que llamó Robert. Que sería un guapo chico francés; con increíbles
ojos claros y músculos asombrosos; que le encantaría la poesía, y hablar de sus
sentimientos; todo con su genial acento.
(Bueno tal vez no tan literal). Se enamorarían
y se casarían al terminar la escuela. Entrarían en la misma universidad,
tendrían cinco hijos después que Shannon concluyera su carrera de medicina y el
hermoso francés, derecho. Los llamarían Jaques, Marion, Louise, Anne y Robert;
como su padre. Vivirán en una casa de seis habitaciones en París. Ella
trabajaría en un hospital local, mientras él estaría haciendo méritos para ser
el próximo presidente del país.
Levanté una ceja y la miré.
- ¿Quieres que te diga la verdad?
- No, eres una aguafiestas – suspiró de nuevo, pero esta
vez de resignación.- Al fin y al cabo lo
terminarás diciendo ¿no?
Sonreí un poco.
- Así es.
Ella terminó su bebida y la dejó a un lado.
- Bueno, y ¿qué es?
Me aclaré la garganta, y troné mis dedos antes de poner mis
codos en la mesa.
- En primer lugar, probablemente, será de algún lugar
cercano como México o Canadá, no de un lugar interesante como Dinamarca o Suiza
- Que no es nada malo, no me mal
entiendas, sólo que ella espera a un chico del otro lado del charco.- probablemente
sea un Nerd, un geek, o un idiota con ganas de sexo con tontas chicas
estadounidenses -. Y cuando se vean por primera vez, dudo mucho que sus miradas
encajen; él estará mirando el piso o… tu delantera – Le guiñé un ojo. – Pongo
en duda que te cases con él después de eso.
Ella hizo una cara
de asco y me sacó la lengua.
- Vaya William, no
puedes dejarme soñar despierta ¿no es cierto?
- No, simplemente no soy capaz de verlo de esa manera.
Levantó las manos y resopló suavemente, en señal de
rendición.
- Como quieras- Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios.
– Pero si es un sexy chico francés es mío.
Sonreí y asentí.
- Pero si no lo es, te aseguro que el único músculo que
tenga ese chico va a ser el de su mano derecha, a no ser que sea zurdo – Subí y
bajé las cejas sugestivamente.
- ¡Willa! A veces te tomas muy enserio tu apodo.
Le guiñé un ojo, mientras me ponía de pie y le dije:
- Sólo trato de poner las cosas como son.
No hay comentarios:
Publicar un comentario