Capítulo 4: La Ruleta Rusa del Destino

"Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. - Joseph Göebbels
Te puedo apostar que tienes una tía, una prima, una maestra, una amiga, o una chica irritante de al lado que tenga una voz irritante y aguda. De ese tipo de voces del que no le desearías ni a tu peor enemigo una charla de veinticinco minutos. Pero si existe el caso, que no conoces a alguien así, te prometo que ese alguien, debes ser tú. Lo siento amiga.
Pero... no es tu culpa. Te aseguro que no tienes la responsabilidad que el destino quisiera joderte la vida. En realidad ni siquiera es personal. Es como si éste jugara a la ruleta rusa con nosotros, y pues en vez de una bala, te toca una voz chillona y molesta. No hay nada de malo en eso.
Bueno, en teoría.
A no ser que la usen para fines malignos, como lo hace la señora Ryan; quien nos tortura día tras día en sus famosas charlas de motivación, que en vez de motivar, te llevan a tirarte del techo de la escuela. Y aunque su apariencia muestra una mujer dulce y tierna, con su figura rechoncha y una sonrisa permanente pegada en el rostro. Lo que esconde tras ella es un corazón lleno de espinas y pensamientos tortuosos. Lo sé, puedo verlo tras esa muralla de espeso maquillaje.
Mientras la mujer explicaba (bajo sus términos) por qué Dios existe, me giré aburrida, a observar por la ventana a mi costado izquierdo; ésta, tenía vistas hacia el estacionamiento, donde los autos se apiñaban los unos con los otros: pasando desde autos a los que el óxido se los estaba comiendo poco a poco, a otros, como el Boss del otro día, guiñándome con su pintura negra impecable. Podía escucharlo suplicándome huir con él, seríamos felices, correríamos por la carretera, rumbo a... No importaría a donde, en cuanto estuviésemos juntos sólo....
Mi conciencia, por fin habló.
Lo siento amigo, sabes que le perteneces a alguien más...
Mientras miraba con devoción al automóvil que sabía, que nunca sería mío, la maestra alzó un poco más su, ya muy estridente voz. Hasta el chico con cabello largo hasta los hombros, dormido, en la esquina contraria a la mía, se despertó de un tirón y se sentó recto con una expresión de espanto.
Me incliné un poco a ver quién era la víctima de la "dulce" señora Ryan. Al parecer, era un chico que se recostaba en la pared junto a la puerta, con actitud relajada y arrogante; cuyo rostro se encontraba girado hacia la puerta. Me incliné un poco más.
- No cree usted que es un poco tarde para llegar señor....
El chico continuó, con un tono jocoso y jovial; su voz era grave, de esas clases de voces que te hacía prestarle atención, como si de alguna te embrujara. Me acerqué otro poco.
- Reed. - completó el chico, girando su rostro hasta que advertí la misma sonrisa come-mierda del otro día. - Pero usted, puede llamarme Xander. - Y muy coquetamente, el idiota le guiñó un ojo.
Imbécil lamebotas.
¿Recuerdan cuando mencioné mi carencia de gracia? Bueno, ténganlo en cuenta más adelante.
Las mejillas de la mujer flamearon de un potente color rojo, simultáneo, a la risita de colegiala que se filtraba por sus labios, atacados por un crayón rosa asesino.
Me recosté aún más sobre mi pupitre evidenciando la inaudita escena que se manifestaba frente a mí. Esa era la misma persona que se quejaba a diario del poco respeto que las chicas de hoy en día se tenían, aceptando cualquier elogio como pase para pasar un buen rato. Ella se estaba riendo como una chiquilla tonta y mirando a "Xander" por debajo de sus pestañas llenas de máscara. No podía medir más que metro y medio, pero lo miraba como si fuese a tirársele encima.
Uggg, controle sus hormonas, señora.
Me apoyaba en la mesa, en un intento de ver la cara del idiota inglés, ésta se mantenía en pie sólo por dos de sus patas, mientras que mis pies le estabilizaban. Lamentablemente, a pesar de mi intento de seguir en el puesto, la mesa se rebeló contra mí y cuando traté de acercarme un poco más, mis pies dejaron de hacer contacto con el suelo, y en vez de ellos, mi cara tomó su lugar con un estrepitoso sonido. Gracias al cielo el escritorio sólo rozó mi cabello, en vez de aterrizar aparatosamente en mi cráneo. Suspiré agradecida con el universo.
Y eso duró, 3...2...1...
En el momento que levanté la mirada, toda la sala estaba atenta a cada uno de mis movimiento. Y cuando me refiero a toda. Es toda.
El Inglés me miraba con su característica sonrisa plasmada es su estúpido rostro, y la señora Ryan había salido por fin, de su libidinoso trance.
Ella frunció el ceño y me miró con reprobación. ¿Ven a lo que me refiero?, maldad pura. La mujer debe patear gatitos en su tiempo libre.
- Señorita Gallagher, ¿está todo bien allá abajo?
Unas pequeñas risitas se apoderaban del aula.
Esta vez fui yo quien frunció el ceño y solté lo primero que vino a mi cabeza.
- De maravilla, estoy segura que usted debería probarlo alguna vez. - Respondí con una sonrisa mordaz y una mirada que prometía de todo menos amistad.
La mujer me miró toda enfurruñada lista para chincharme por mi respuesta desdeñosa; pero oye, nunca dije que las verdades fueran dulces, ¿o sí?
En el momento que abrió su boca; manchada de lápiz labial rosa chillón, (Menuda coincidencia ¿Eh?) la voz grave del Inglés le interrumpió.
Empezó a reír.
Se tapó los labios, tratando de reprimir una carcajada, de mostrar decencia o algo, sin embargo atrajo la atención de la mujer.
- Lo siento, lo siento - dijo aun riendo.- No sabía que aquí en América la gravedad funcionara diferente.
Los demás rieron, incluso la señora Ryan. Te juro que no me habría sentido tan ofendida si al decir aquel comentario, no me hubiese mirado a los ojos como un maldito cínico. El chico estaba cavando su propia tumba.
Con una sonrisa falsa, pero igual de grande, respondí. Todavía en el suelo. Sí.... le había cogido algo de cariño.
- Oh, es cierto,- Solté una risita tonta.- será mejor que tengas cuidado con tu cabeza, se ve bastante pesada sobre tus pequeños hombros.
El salón fue atacado por un silencio sepulcral, mientras algunos contenían sus respectivas carcajadas tras sus manos, otros miraban con temor o asombro nuestro pequeño debate. Y a pesar que yo lanzaba puñales por mis ojos, él seguía con la maldita sonrisa pegada en su rostro. Rayos, debieron coserle esa cosa en la cara. Incluso una vez terminé mi comentario está se ensanchó aún más. Tal vez era de esa clase de personas a las que les excita ser maltratados o cosas por el estilo... Eww, por mi seguridad mental y la tuya, voy a olvidar que dije eso.
Me reprendí internamente por el perturbador pensamiento.
La maestra estaba a punto de darme un sermón cuando "Xandervolvió a interrumpir.
- Señorita Ryan, lamento mi tardanza, pero estaba terminando de aclarar unos aspectos con el director, me excuso.- El estúpido comenzó a mirarla como un jodido cachorro, y las mirada iracunda se desvaneció cambiándola por una expresión atolondrada.
- Si eres tonto, es señora, no señorita;- Agregó amargamente.- Dejé de ser señorita hace mucho, cariño.
Él le guiñó un ojo y avanzó entre las filas antes de acomodarse justo a mi lado derecho. Y especifico que aunque hubiese querido hacerse en otra parte, el único asiento disponible era ese.
- Le aseguro que no es así. - Las mejillas de la profesora se encendieron antes de girarse y empezar de una buena vez con la clase. - Se ve como una jovencita.
La piel de la mujer enrojeció y en vez de seguir coqueteando pasivamente con él, se giró y continuó con su perorata.
Ahora, sigo estando en el piso, mi escritorio volcado a mi lado, y un idiota sonriente junto a mí.
Gruñí frustrada.
Me incliné a recoger el contenido de mi mochila que se habían esparcido por el piso, y nadie había tenido la delicadeza de levantarlos. Al momento que tomé el último bolígrafo extraviado, una sensación incómoda se escurrió en mi espalda y me obligó a voltear mi cabeza.
Al hacerlo, no pude evitar pensar que debí quedarme ignorante, que no debí girarme; quizá ni siquiera debí recoger esas cosas.
Sin embargo, decidí no flaquear y hacer como si nada hubiese pasado y lo miré fijamente.
Sus ojos se hallaban posicionados en mi trasero, sin ninguna vergüenza, a parte de la mía. Mis mejillas flamearon de humillación e ira, y él seguía mirando.
- ¿Disculpa?, ¿te puedo ayudar en algo? - Dije mientras lo mataba mil veces con la mirada.
Él sonrió.
- No gracias, estoy bien por ahora. - Respondió con tranquilidad.
Maldito hijo de...
Le respondí con una sonrisa dulce.
- ¿Estás seguro?, creo que te gustaría quitar tu mirada lasciva de mi trasero por un instante.- Pensé que nadie había presenciado nuestro pequeño intercambio, pero me di cuenta de lo contrario cuando desde al frente una persona se aclaraba ruidosamente y todos los demás se encontraban atentos en nuestro espectáculo. Me topé con la mirada reprobatoria de la señora Ryan y la divertida del resto de mis compañeros. Upss, tal vez me excedí un poco en el tono de voz.
Me sonrojé furiosamente, al levantarme y conmigo la silla, para una vez acomodarme en ella, con la vista fija al frente. Poco a poco los demás chicos notaron que la acción había terminado y se giraron uno a uno. Cuando ya todos estaban de nuevo sosteniendo su cabeza en su mano, tratando de mantenerse despiertos, me aclaré la garganta y modulé sin quitar la mirada del tablero. Él sería el único que escuchara esto, me iba a fijar que así fuera; no necesito más público.
- Vuelves a acercarte y vas a perder cada una de tus extremidades. Me aseguraré que estén esparcidas por cada rincón recóndito de la ciudad, y puedes apostar que tu cabeza será lo primero que encontrarán con tu miembro más preciado atascado en tu garganta.
A pesar de mi amenazante declaración, su reacción siguió siendo por mucho, inesperada. Sacudió su cabeza mientras se reía. Eso solamente le hizo llamar nuevamente la atención indeseada de la señora Ryan. Rodé los ojos y volví de nuevo mi vista hacia la ventana. Pudimos habernos ahorrado toda esta escena. Le dije mentalmente al Boss perfectamente estacionado, libre de esta tortura. Pudimos haber sido felices juntos. Gimo para mí misma, y trato de mantenerme "despierta" lo que resta de la clase.
Al sonar la campana, no pude salir del aula lo suficientemente rápido, no obstante, la irritante voz de la maestra me hizo parar en seco.
- Srta. Gallagher, podría acercarse un momento.- Gruñí con frustración al volverme y le di mi mejor cara de pocos amigos.
Ella me dio una sonrisa cansina, y se sentó en su escritorio. No pude evitar notar a mi nuevo archienemigo mortal, sentado en la primera fila recostado en el espaldar, con una de sus largas piernas sobre la otra y una expresión risueña. Ojalá pudiese quitarle esa sonrisa con un golpe. Sus ojos azules brillaban con diversión.
Me apoyé en el pizarrón. Golpeando el piso con mi pie, mostrando mi inquietud.
- Me sorprendió bastante su actitud, normalmente tiende a ser... pasiva- se aclaró incómoda la garganta; Vaya gracias.- y verla en tales modos me hace creer que o la he juzgado mal, o tiene en un mal concepto al Sr. Reed.
Wow, es toda una bruja, ¿cómo lo supo?
Me erguí y levanté mi rostro.
- Perfectamente puedo decirle que es lo que sucede.
Hizo un gesto con la mano y una expresión irritada.
- En vez de ignorar esto, voy a ayudar a que su relación como compañeros se fortalezca; usted encontrará una excelente persona en el señor Reed.
Bufé de manera que habría abochornado a Shannon, pero... yo no era ella. La señora Ryan me cortó.
- Estoy segura que usted Srta. Gallagher estará encantada de guiar a su nuevo compañero este próximo par de días, sé que pronto se convertirán en grandes amigos.
Y con eso, la mujer rechoncha salió del salón como un vendaval, no antes de repasar a mi nuevo "gran amigo".
Sentí el chirrido de una silla, antes de sentir su aliento en la parte superior de mi cabeza.
- Y bien señorita Gallagher- dijo en tono burlesco.- ¿tienes un nombre?
Me aparté incómoda y le di una mirada extrañada.
- Sí, creo que no. - Pude sentir como se formaba su sonrisa.
Salí del salón y giré en dirección a la biblioteca. Me volví al no escuchar sus pasos detrás mío, y confirmé que caminaba en dirección contraria. Paré en seco.
- ¿Vienes? - gruñí desde la mitad del pasillo, frustrada de su actitud contradictoria.
Guiñó un ojo y formó una sonrisa torcida.
- Sí, creo que utilizaré esa carta más tarde.- Y con ello salió de la escena.
Suspiré.
Al fin me había librado de él. Pensé que sería más complicado....
Bueno, lo fue, por ahora.
Mierda, debí haber sido una persona muy mala en el pasado.

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